Referencia: G/SO 229/31 SWE (9) 213/2002. P. III


Lo que sucedió en ese entonces es una variante grave, del abuso por parte de las autoridades policiales costarricenses. Ese año de 1979, vez me tocó estar detenido arbitrariamente por tres días; más de 24 horas; sin derecho a un abogado o a implorar algún recurso; junto a 42 nicaragüenses hombres y mujeres de la fracción tercerista que luchaba por derrocar la dictadura somocista; los cuales habían tomado un barco y huido de Nicaragua y estaban arrestados.

Viniendo desde el Parque Central en donde había amanecido sentado en una de las bancas del parque; ya que ahí, por las características del sitio se desarrolla una vida bohemia y a mí no me quedaba más alternativa. Por lo tanto podía haber estado ahí, como en cualquier otro lugar de la capital, a esas horas; algo así como las siete de la mañana.

Me dirigía a la imprenta del Vanguardia Popular, en busca de noticias y donde se imprimía el Semanario Libertad, órgano informativo del Partido Comunista de Costa Rica; cuando dos carteristas me sustrajeron la cartera, con el poco dinero que llevaba encima; esto ocurrió exactamente, en la terminal de buses de San Sebastian, en la misma acera de la imprenta, en los alrededores de La Golfiteña. Luego de cometer el delito se introdujeron en uno de los sitios públicos; para tratar de no levantar sospechas y probablemente seguir con sus “carterazos”.
Decidí entonces solicitar el apoyo de la unidad de radiopatrullas; que justo acababa de llegar a estacionarse en la pura esquina de la cafetería del “negro” Harold y fué en ese instante en que los papeles se cambiaron; ya que la policía no prestó la mínima atención a mi queja y me conminaron de mala manera a marcharme, diciéndome que ellos no tenían tiempo para mí.

Ante la desesperación de ver cómo se esfumaba la posibilidad de recuperar mi exigua cantidad de dinero, que no pasaba en ese momento de quinientos colones, pero que podía aliviar mi necesidad de alimentación por lo menos ese día. Insistí en pedir a los guardas, que por favor me ayudaran a recuperar mi cartera que tenían los dos maleantes. Pero éstos se bajaron de su carro y se fueron tranquilamente a tomar café; no sin antes advertirme que si al regresó de su café, me veían nuevamente, me detendrían en el acto.

Fue entonces cuando al regresar y hallarme en el mismo lugar; ya que guardaba la esperanza de alguna solución, gracias a su intervención; la emprendieron en contra mía a a batonazos, golpes y patadas y no me quedó más que defenderme de esta agresión, porque de lo contrario, quién sabe cómo me hubiera ido.

La cuestión es que logré introducirme en la patrulla y cerrar la puerta por dentro; no sé ni como; la cosa es que me negué a salir, hasta que se hiciera justicia ( según yo). ¡Pero, qué va!, luego de un tiempo de estar sentado y al ver suficiente gente aglomerada, decidí abrir, para evitar una reacción más irracional de parte de ellos. Fué cuando dos elementos de “refuerzo” me esposaron y tiraron en el asiento de atrás, mientras me iban pegando por las costillas y la cara insultándome.

Adentro fué peor; ya que me agararraron y me “dieron con toda el alma”, me lanzaron a un calabozo, todo golpeado, con la ropa hecha girones, los pantalones manchados de sangre y todo mojado, ya que “en el manejo” me habían sumergido la cabeza en una pileta inmunda mientras trataban de asfixiarme por inmersión prolongada y en donde aparentemente fregaban los trapos del piso.

Al siguiente día, fuí sacado del calabozo y llevado a la oficialía de guarda, donde me leyeron el acusado por “desacato y faltas de respeto a la autoridad”. Un sargento me gritaba improperios y decía que él había sido entrenado en la zona del Canal de Panamá y que no permitiría comunistas que le faltasen el “respeto” a sus hombres.

A estas alturas en realidad, no podía imaginarme que por la noche iban a abusar sexualmente de mí y de dos transvesties llamados la Carol y la Maritrini; pero antes de que esto ocurriera nos agarrarron a patada limpia.

Estos dos transvestidos, supuestamente estaban detenidos por rutina represiva de la policía, la cual se la pasa entre la Clínica Bíblica y el Libano, chantajeando a los transvesties y acosándolos todo el tiempo; ya que son un grupo minoritario social.

Ellos se ven forzados a vivir ocultos entre las sombras de la ciudad capital; en lugares sórdidos; y cómo personas a quienes les están negadas todas las oportunidades para desarrollar una vida normal, sufren todo tipo de discriminación.
Ante semejante violencia y desamparo psicológico producto del ataque sexual y tortura a que me sometieron; y no atreviendome a hablar de esto con nadie; por lo que fueran a pensar; no me quedo más recurso para mi desgracia, que acudir a visitar por estrategia de sobrevivencia algunos lugares de “caridad pública”. Los que tenían programas de apoyo psicológico; y en busca de protección llegué ahí, ya que ellos practican la doctrina del amor al prójimo; actitud que hasta la fecha agradesco profundamente. Digo para mi desgracia, puesto que esto resultaría, una estigmatización social más, como efectivamente sucedio en 1994.

Tiempo después tuve que huir hacia Venezuela, en donde permanecí por dos años, ahí continué mis estudios con el Maestro Enrique Porte en la escuela llamada Instituto para la Formación del Arte Dramático (IFAD) bajo la Dirección de Gilberto Pinto y en el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT) en diferentes especialidades dirigido por Luis Molina. Ahí fuí alumno de Orlando Rodríguez de Chile, Humberto Orsini, Jersy Koulowsky de Suecia, Robin Martin de Inglaterra y nuevamente de Athaualpa de Athaualpa del Cioppo y muchas otras personalidades.

Decidí volver a Costa Rica en 1982 para tratar de reivindicar mis derechos pero esta vez las autoridades costarricenses desconocieron completamente mis atestados obtenidos en Venezuela diciendo que “ la formación obtenida en Venezuela y hasta esa fecha; no eran suficientes para que pudiera aspirar a ingresar ni tan siquiera como estudiante, en ninguna academia de teatro en Costa Rica” Esto en las voces de Alvaro Marenco y Juan Fernándo Cerdas como funcionarios de la Universidad Nacional y en contradicción con las de Ricardo Blanco, director de la misma escuela al que presionaron para que no me aceptara como estudiante. Curiosamente yo acababa de terminar un trabajo para el Dpto. De Vida Estudiantil de la Universidad Nacional de Heredia como asistente de producción en la realización para televisión costarricense, de el cuento “Moreira” de Luis Dóbles Segreda, bajo la dirección de Alonso Venegas, talentoso actor, director de cine teatro y televisión chileno.

La persecución en mi contra por funcionarios de gobierno; lejos de cambiar aumentó de tono y continuó; pero gracias a mi empeño y la solidaridad de unos pocos logré establecer las bases de un teatro clandestino independiente; en un lugar llamado por las personas interesadas El Café, ubicado frente a la Universidad de Costa Rica.

Esta sede se convirtió en una base de apoyo a la Campaña de No Agresión en Centroamérica y funcionó por espacio de unos cuatro años hasta su desaparición en los primeros meses de 1986. Desde sus instalaciones radiabamos para el público universitario estudiantil, las transmisiones clandestinas de Radio Venceremos, voz oficial del FMLN. También apoyábamos desde la izquierda los planteamientos de Paz en Centroamérica de don Oscar Arias y los otros líderes de la época; en contra de los planes guerreristas y de invasión, así como contra la política brutal de violación los derechos humanos de los regímenes militares en Centroamérica. Y la salida negociada a los conflictos bélicos de la región. Realizábamos conciertos musicales, recitales de poesía, exposiciones de pintura y durante este tiempo, viajé a Nicaragua en misiones de solidaridad para con su pueblo, a apoyar programas de alfabetización y cultura durante los últimos meses de 1982 y los primeros de 1983.

Logré dirigir eventos políticos y culturales de importancia capital para la Solidaridad con los Pueblos Centroamericanos y me integré a los Comites de Solidaridad de Presos Políticos y Desaparecidos en Guatemala y El Salvador y al Comité de Solidaridad con Nicaragua.
Apoyaba a la Asociación de Familiares de Presos Políticos de Costa Rica en la medida de mis posibilidades.
Quiero recalcar que todo este trabajo lo realizé; en medio de grandes dificultades, presiones, boicots, amenazas y detenciones no exentas de abuso; puesto que en Costa Rica, la represión solapada siempre ha existido, desde 1948 y con el incremento de funcionarios de la CIA, a partir de esa época en los asuntos del gobierno costarricense. Gracias al papel jugado para la agencia por José Figuerez Ferrer. El mismo declararía en 1975, haber trabajado en América Latina para la CIA, durante treinta años en 20.000 formas diferentes.

Desgraciadamente todos estos años, siguientes, se caracterizaron por la extremada violencia y el terrorismo de los grupos paramilitares y ultraderechistas de Costa Rica. Además de el incremento de la represión por parte de la DIS (Dirección de Inteligencia y Seguridad) así como el de las operaciones encubiertas del Pentágono por destruir la Revolucion Sandinista. Se suscitaron muchos crímenes encubiertos, de carácter político en mi país.

Comenzé a recibir anónimas amenazas intimidatorias contra mi persona por teléfono. Nuestro local cultural fue atacado a pedradas; y nos destrozaron todos los cristales. Algunos de mis compañeros fueron heridos de gravedad en condiciones inexplicables que nunca se investigaron. Otros centroamericanos fueron encarcelados, torturados y deportados.



En 1985, mi casa fue allanada por la policía a las 2 a.m. por elementos de la fuerza pública los cuales rompieron con un hacha la puerta, entraron y me golpearon durante mucho rato a intervalos sostenidos. Eran siete carros de policía, los que llegaron esa madrugada. Decían buscar armas, porque yo era comunista. Preguntaban que por qué tantos libros y otras cosas más entre insultos, gritos y golpes. De ahí me llevaron a una cárcel en San Juán de Tibás, donde experimentaron conmigo varias formas de tortura, desde psicólogica hasta física y me dejaron tres días, encerrado en prisión combinada con arresto domiciliario sin salir. Fuí golpeado en círculos por diversos guardias y se me intimidaba diciendo que me iban a dejar tres años en prisión, pero que si les pagaba, me dejarían salir. Luego me dejaron ir, y de vez en cuando se aparecían por la casa y se estacionaban en sus vehículos, frente a la misma, en actitud de vigilancia.

Tuve que abandonar la ciudad nuevamente e irme a la zona atlántica, en donde me integré a trabajar de lleno con el Partido Vanguardia Popular.

Siempre he notado, que al detenerme las autoridades, no registran mi nombre de entrada ni a la salida, lo cual es bastante preocupante y crea mucha inseguridad, sólo en pocas ocasiones lo han hecho, pero en la mayoría de ellas no.

Continúa en Parte IV


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