Referencia: G/SO 229/31 SWE (9) 213/2002. P. I I


Me detuvieron en un mes tantas veces como les dió la gana y me soltaban hasta tres días después. Por ejemplo, me dejaban salir y a los cincuenta metros, mejor dicho dos o tres minutos después, me volvían a detener. Tuve que escapar, no ya,
de la cárcel, sinó de la provincia de Limón y sus dos esbirros, que la habían agarrado conmigo; con la ayuda de un compañero del partido de apellido Prendas, que me acompañó hasta el autóbus rumbo a San José.

Es importante destacar que la Provincia de Limón, está ubicada a unos 170 Km desde la capital de la república, a orillas del Océano Atlántico y por ser una zona bananera, la presencia de nuestro partido, históricamente, ha gozado del apoyo del pueblo, pero nunca del gobierno ni de las fuerzas represivas, las cuales han cometido, innumerables e injustificados actos como son: los abusos de autoridad, los malos tratos, hasta llegar a cometer asesinatos sin visas de esclarecimiento a la fecha en contra de la población indígena y de los trabajadores bananeros costarricenses y nicaraguenses, que vienen a trabajar a esta tierra para compañías extranjeras y son super explotados y violentados en sus derechos más elementales a su condición humana. También por ser una zona de restricción sindical bananera (muchos operan en la clandestinidad), la presencia militarizada de las distintas fuezas de seguridad y paramilitares es sumamente fuerte.

Continué siendo detenido a partir de esa época constantemente, por agentes de radiopatrullas, los cuales me sacaban mis cuadernos y me hostigaban, a la salida de mis reuniones de activistas políticos de la universidad; los revisaban y me cocían a preguntas en largos interrogatorios arbitrarios desde todo punto de vista jurídico, tales como: ¿Qué andaba haciendo?¿Qué tipo de libros llevaba?¿Si portaba propaganda comunista?¿Qué se hablaba en la reunión? ¿Quiénes estaban? Etc,etc,etc.

Las autoridades de Migración también participaban de los atropellos y el acoso. No les bastaba con que les mostrara mi carnet de estudios universitarios con fecha del 75 (en mi país, los estudiantes tenemos carnet de acuerdo al año en que entramos y este va acompañado de otra serie de números, pero la clave es el año, para ubicar cualquier información en la oficina de registro universitario); además de las consabidas amenazas por asistir a las mismas reuniones, diciéndome que “un día, ¡iban a matarnos a todos los comunistas!”, estas detenciones no estaban exentas de golpes y quemaduras de cigarrillos, los que a veces me ponían en el cuello.

Recuerdo que me llevaban a la Detención General del Ministerio de Seguridad, Pública, ubicada en Cuesta Núñez, a la par de Cuesta de Moras, una vez por entrado ahí, uno perdía y pierde, todos sus derechos en manos de los más gorilescos personajes de la seguridad de Costa Rica.

Ahí sufrí muchas vejaciones físicas y morales, así como torturas físicas y mentales. Fuí bañado con agua fría, en horas de la madrugada, era pateado y golpeado fuertemente; también se me desnudaba y se me obligaba a mantener actos sexuales con elementos de ellos.

Gracias a mi trayectoria y capacidades artísticas logré aprobar el exámen de teatro para ingresar al Taller Nacional de Teatro convocado por el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes. Ya que siempre he alternado mi estudio con el trabajo profesional en el que me ubiqué desde 1975 con mi debút en el Teatro Nacional de Costa Rica en la obra “María Estuardo” de Frederick Schiller, en la que representé, tres personajes clásicos.

Para ese entonces, entre mis logros artísticos, había asistido en calidad de representante oficial del teatro costarricense a dos festivales internacionales; uno en San José de Costa Rica y el otro en Ciudad Guatemala en 1976, para ayudar a las víctimas del terremoto de ese mismo año. Acudimos a estas dos citas, el Teatro del Ángel y yo, alternando en la escena con la famosa diva chilena Bélgica Castro y bajo la dirección de Alejandro Sieveking con la obra titulada “Apareció la Margarita” del dramaturgo brasileño Roberto Athayde. También estuve, como representante oficial, en la IV Sesión Mundial de Teatro de Naciones, organizado por el Instituto Internacional del Teatro y por la UNESCO en la ciudad de Caracas, Venezuela en 1978. Además de haber terminado mis estudios en la Universidad de Costa Rica, correspondiente al Curso Libre Teórico-práctico para Actores que tenía una duración de dos años a nivel profesional. Permanecí dos años más colaborando, en la práctica, con el Teatro Universitario de la U.C.R de forma permanente para los niveles III y IV de Carrera Profesional. Había realizado en ese tiempo ya casi treinta y dos trabajos profesionales y vivía de mi profesión.

Sin embargo, tres meses después se desató una persecusión política bajo la directriz de los sectores más conservadores del gobierno de la república coordinados por el intervencionismo “gringo” y la paranoia de la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA); en contra de todos los militantes del Partido Comunista de Costa Rica que laborábamos o teníamos relación con instituciones del estado costarricense; en el marco de el inminente ascenso de la Revolución Sandinista a pocos meses de la caída del dictador Somoza Debayle. Estoy diciendo que estaba por concluir el gobierno demócrata de Jimmy Carter y se creaba la plataforma intervencionista más criminal de la historia centroamericana; la de la era Reagan.

En cuanto a mi persona, se me impidió trabajar para la Compañía Nacional de Teatro en la obra “Fuente Ovejuna” de Lope de Vega, dirigida por el maestro uruguayo y amigo personal Atahualpa del Cioppo. Mediante una impostura de Luis Fernándo Gómez, jefe de personal, para entonces, de la CNT (Compañía Nacional de Teatro) y profesor de actuación de el grupo 79, en el TNT (Taller Nacional de Teatro); alegándome, en privado, que ningún estudiante de la institución podía desempeñarse como actor de planta de la citada compañía; y que en mi caso debía renunciar al TNT, si quería trabajar en Fuente Ovejuna.

Digo impostura, ya que precisamente y en ese mismo periódo se representaba como parte del repertorio de la Compañía Nacional de Teatro, “Un enemigo del Pueblo” de Henrik Ibsen y era dirigida por Oscar Fessler, el director del Taller Nacional de Teatro y en la cual participaban gran cantidad de estudiantes del taller nacional en el montaje de la obra como actores del reparto.

Para ese tiempo, el escritor e intelectual Luis Brito García, por medio de las publicaciones que hacían desde el ITI ( Instituto Internacional del Teatro –ITI- UNESCO), publicaba sus conceptos sobre el teatro y el papel del trabajador de la cultura en América Latina. Recuerdo que la lectura de estos conceptos fueron declarados “nocivos” por Luis Fernándo Gómez, Eugenia Chaverri, y Gladis Catania; y que se me impidió mostrarlos nuevamente a cualquier estudiante del Taller, bajo pena de amonestación administrativa.

Se inició, de esta manera, un proceso de discriminación en contra mía al interior de la institución, pese a la gran popularidad que tenía entre mis compañeros de estudio del grupo 79. Se comenzó a relentar la presentación de mis trabajos y se me dejaba en último lugar, al punto que en dos meses, no se me permitió presentar ni uno solo de mis ejercicios prácticos de actuación; disciplina en la que había obtenido el mayor promedio acádemico desde 1975. Todo esto coordinado por la dirección y subdirección Fessler – Gómez. Al inquirir sobre el por qué?, me contestaban incongruentemente que por "ser un estudiante aventajado debía esperar y darle oportunidad a los demás”.

Un día me convocó, en calidad de subdirector Luis Fernándo Gómez, a una reunión extraoficial con los “profesores”, sobre el tema de “actuación”, en la que para mi sorpresa, él no llegó. Oscar Fessler mecomunicó, en calidad de director generalísimo de la institución, que él no iba a a participar activamente de la reunión; él “estaría por tanto, en calidad de oyente, para que “yo” no fuera a pensar que era cosa de él, “pero que otros” lo iban a hacer ”; según sus propias palabras.

Me comunicaron “la suspensión de clases indefinidamente hasta que no me recuperara de mi locura; ya que ellos no podían brindarme asistencia psiquiátrica, porque estaba loco y debía internarme en un asilo para enfermos mentales, debido a mi incapacidad para realizar los ejercicios de actuación”, según les había explicado Luis Fernándo Gómez. “Por otra parte mi enfermedad mental, me hacía intolerable moralmente para la institución por ser un mal ejemplo”.

Lo irónico es que la exposición estuvo a cargo de Diego Díaz, un músico que no había asistido hasta ese momento a dar clases y que apenas se iba a integrar a ese periódo lectivo”, por haber estado de vacaciones. Fué asistido en tan grotesca pantomima por las siniestras Eugenia Chaverri y Gladys Catania; las cuales llevaban la parte histérica de aquel “aquellarre”. Y otorgando en “silencio pedagógico”, estuvieron asistidos los exponentes, por Rubén Pagura y Rodolfo Araya,(q.e.p.d).

Quiero que conste que no puedo seguir esta parte del relato porque se haría en extenso y es muy traumatizante.

La reacción de los estudiantes no se hizo esperar y una vez enterados pidieron una explicación por tan inusitado hecho a la dirección; así como la presentación mía , para poder responder a semejantes acusaciones; pero más bién se les intimidó por medio de la presencia de Mimí Prado en calidad de representante oficial del Gobierno de la República de Costa Rica; para advertirles a todos aquellos que se manifestaran en solidaridad conmigo; de correr el riesgo de perder no sólo su futuro profesional, sinó incluso, y esto era extensivo a todos los grupos de teatro profesional; de perder el subsidio estatal anual que el gobierno les daba.

No voy a dejar de decir que toda una serie de calumnias fueron levantadas en mi contra por parte de Mimí Prado, en esa reunión; a la que no asistí, pero que fuí informado ampliamente por mis compañeros.

Esta es la clase típica de funcionarios gubernamentales, caracterizada por su arribismo, el cual les lleva hasta a levantar calumnias; con la que nunca había compartido ni socila ni laboralmente. Ella se presentó a decir que había trabajado conmigo y me conocía desde hacía muchísimo tiempo.

Se me negó presentar argumentos a mi favor, se me negaron los medios de comunicación para hacer efectivo mi derecho a respuesta y se comenzó una campaña de divulgación negativa a nivel nacional en mi contra, con el argumento de que era una mala influencia moral e ideológica para el teatro costarricense. La cual se mantiene inamovible hasta el día de hoy.

De declararme oficialmente insano mental sin ningún respaldo médico y desoyendo la opinión de profesionales en la materia psiquiátrica o psicológica, que negaban semejante infundio; pasaron a borrarme de la lista de créditos oficiales alcanzados hasta la fecha.

Por citar tan sólo un hecho, debo decir que fuí miembro fundador del Sindicato de Actores Costarricenses (UDAC). Al cual no tuve más acceso, ni se me comunicó por medio escrito absolutamente nada sobre mi exclusión, constituyendo esto en un acto de improcedencia jurídica.

A consecuencia de lo anterior expuesto y por lo complejo de los hechos posteriores en términos humanitarios y legales; es que voy a relatar uno de los hechos más graves que me ocurrió y me marcó trágicamente para el resto de mi vida; el haber perdido el hogar familiar junto a mis dos hijos.

Debido al acoso institucional gubernamental, la estigmatización social referida, y de las consecuencias económicas desastrosas, a causa de la pérdida de mi empleo; la situación del hogar se volvió insostenible, desde todo punto de vista. Sumiéndonos en el dolor y la amargura existencial. Mi compañera Odilí Vega Carballo y yo tuvimos que dejar la casa donde vivíamos; teniendo ella que pedir ayuda a su familia.

Sumando esto a la depresión y a la verguenza experimentada por lo desaforado de la campaña en mi contra: mi mujer me abandonó.

Al romperse la unidad familiar y dar paso a las habladurías sobre mi “locura” se creó un entorno social agresivo a mi alrededor. Debido al “machismo imperante”; y al desarticularse el ámbito privado en el hogar; mi bisexualidad comenzó a ser atacada públicamente a causa de la ignorancia y el prejuicio social sobre el tema. Ahora era Vox populi, “un vulgar y depravado homosexual”, con el agravante de que a causa de esto, ya nunca más iba a poder volver a ver a mis dos hijos.

En medio del caos psíquico-social, producido premeditamente por “las autoridades culturales” del gobierno costarricense y al cual fuí arrastrado involuntariamente, dadas las circunstancias del desarrollo socio-cultural en nuestro país; no pude asumir todas las responsabilidades objetivas de manera pertinente, y me ví condenado al destierro en mi propio suelo.

Por primera vez y oficialmente me encontraba en arbitraria desventaja jurídica ante las leyes del código familiar y civil del Gobierno de la República de Costa Rica.

Seguí luchando por demostrar mis derechos civiles y laborales pero todo ha sido en vano.

No fué sinó hasta dieciséis años después que pude conversar, en un par de ocasiones, con mi hijo menor César mientras estudiaba en el colegio de artesanías.
A mi hija mayor Nelly Victoria, llegué a conocerla únicamente por fotografías y solamente en tres ocasiones, hasta el día de hoy, en que pasa de veinticuatro años de edad, ya estando fuera de Costa Rica, pude hablar por teléfono con ella.

Trágico, desde cualquier punto de vista humano, ha sido el hecho de haber perdido mis hijos para siempre.

Las razones de este crimen jurídico-político e intelectual-artístico en mi contra, no se ha considerado mínimamente, en ningún tribunal y permanece en la impunidad a causa de estos desgraciados y su miserable concepción humana dentro del arte.

El sentido analítico-crítico y político-social que todo artista podría desarrollar para el fortalecimiento de la democracia por medio del derecho a la libre expresión; debería ser un requisito inalienable, que toda institución oficial del estado debe promover; apto para la consecusión de las acciones y las ideas por una cultura universal al servicio de la humanidad.

Con base en argumentos de la guerra fría, se me expulsó ilegalmente de mi labor social, sin tener ninguna igualdad ante la ley.

Entonces me ví obligado a vivir en la calle y a dormir en plazas y parques de la capital San José, hasta fines de 1979. Ahora seguiría siendo detenido y en desventaja jurídica.

Continúa en Parte III


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