La Barahunda de Costa Rica en Ginebra: Made in USA


La Barahunda de Costa Rica en Ginebra : Made in USA
30 de junio de 2001
Efraín Valverde
Patricio Aguilar
«En 1947, en los albores de la guerra fría ,la conferencia de Río de Janeiro
debía crear los mecanismos a través de los cuales la nueva organización podía
atender a sus cometidos, y en primer término de organizar la repulsa de
cualquier agresión extracontinental a una muy vasta " región americana" que
incluía territorios de estados que no eran miembros de la organización. Pero el
tratado iba en rigor más allá: la acción colectiva por él prevista podría
ponerse en movimiento sin que mediase agresión militar, ante cualquier hecho o
situación que amenazase la paz americana; estas descripciones deliberadamente
imprecisas estaban destinadas a cubrir todas las posibles incidencias de ese
conflicto polifacético que era la guerra fría, en la cual la guerra convencional
estaba lejos de tener el papel central.
Todos esos aspectos profundamente innovadores del proyecto norteamericano iban a
ser aprobados por la conferencia de Río». 1

Antecedentes

Fue en los albores de la Guerra Fría (1947) que se realizaron las acciones
antipopulares que culminaron con la instauración de la Segunda República en
Costa Rica, (1948). La relación de estos hechos históricos, no obedeció a una
simple circunstancia cronológica, sinó por el contrario, fue el producto de una
premeditación política. Luego de la segunda guerra mundial, los Estados Unidos
fieles con su lógica imperial y ante el debilitamiento que como hegemonía habían
alcanzado, se vieron en la necesidad de continuar imponiendo una ideología de
círculo vicioso a sus relaciones económicas y políticas militares con los países
latinoamericanos.
Sin embargo resultaría incongruente negar el protagonismo histórico que juega el
Partido Comunista de Costa Rica, fundado por Manuel Mora Valverde en 1931;
pasando a dirigir y defender la lucha de los sectores populares y los
trabajadores bananeros y obreros de la producción costarricense, organizados
adecuadamente en sindicatos y que desde décadas anteriores, habían resistido
heroicamente la tradicional tiranía y represión de los sectores más
conservadores y oligárquicos costarricenses.
A partir de 1940 el esfuerzo mancomunado entre el pueblo organizado y la
dirigencia comunista se orienta a la lucha por el código laboral y las garantías
sociales en Costa Rica; las cuales se decretaron en 1943, durante la
administración republicana de Calderón Guardia (1940-1944). Convirtiéndose estas
en la base fundamental para asegurar el mejoramiento en las condiciones de vida
de todos los trabajadores y la democracia costarricense. Ya para 1941 se había
establecido por ley gubernamental la creación de la Caja Costarricense de Seguro
Social y la Universidad de Costa Rica. La bandera por la defensa de los derechos
laborales, ante los desproporcionados abusos que cometían la clase patronal y
las compañías extranjeras en contra de los trabajadores, había comenzado a
izarse pacíficamente, después de una dura y larga contienda.
De vital importancia para el movimiento popular fue la mediación de Monseñor
Sanabria en el marco de las negociaciones entre los representantes del pueblo y
el gobierno republicano (1943); la sugerencia por parte de los trabajadores de
incorporar al representante de la Iglesia Católica costarricense, fue aceptada
por la parte gubernamental y ese mismo año de 1943 el Partido Comunista de Costa
Rica pasará a llamarse Partido Vanguardia Popular.
Poco duraría para el pueblo de Costa Rica el sabor del triunfo ganado en justa
lid. Cuatro años después (1948); el gobierno de Teodoro Picado Michalski sería
derrocado, mediante un violento golpe militar, dado por los sectores militares
más conservadores de la derecha costarricense. Fue en ese año de 1948 que José
Figueres, y según sus propias declaraciones en 1975 trabajaría para la Agencia
Central de Inteligencia (CIA), por treinta años de 20.000 maneras en toda
latinoamérica 2, toma el poder ayudado por los Estados Unidos, lanzando la
oposición al exilio; y al partido comunista a la ilegalidad por más de 26 años
hasta 1975. Uno de sus objetivos fue evitar la reelección del doctor Calderón
Guardia, con el propósito expreso de detener el avance de las fuerzas
progresistas costarricenses y así, imponer el alineamiento patrocinado por
Washington durante la Guerra Fría en el área Centroamericana y el Caribe;
ofrecía de este modo, una intimidación evidente sobre los peligros que
enfrentaría cualquier país latinoamericano que no aceptase plenamente y sin
reservas la hegemonía norteamericana. Figueres fue también, un patrocinador de
la United Fruit Company y de los monopolios norteamericanos; facilitando el
territorio nacional para que realizaran a sus anchas y sin restricciones de
ningún tipo, sus operaciones de explotación en Costa Rica.
Inmediatamente, la nueva dirigencia golpista comenzaría a crear las condiciones
necesarias para implementar las antipopulares medidas económicas que seguirían a
continuación en el nuevo gobierno de su protegido, Otilio Ulate alias «El Mono»
y cuya administración se caracterizó por una draconiana austeridad en los
gastos, seguida de medidas tan antipopulares como la aceptación en la subida de
impuestos de exportación. Esta nueva situación inspiró un descontento
generalizado, que facilitó el resurgimiento del movimiento sindical, el cual fue
reprimido con extrema dureza y le abrió nuevamente el camino, para el desquite a
Figueres.
Ya para la primera mitad de los años 50, la presencia de miembros de la CIA
aumentó considerablemente su presencia en los asuntos políticos internos y
externos costarricenses, así como su poder de actuación desde nuestro país.
Como puede verse la democracia liberal de Costa Rica, desde su nacimiento, ha
estado condicionada por los intereses norteamericanos, pero esta infeliz
circunstancia no fue ni será el único desatino. Luego que fue derogada la
Constitución de la República de Costa Rica, por los liberales de 1948, se
procede a tomar como base de la «nueva» Constitución, la obsoleta de 1871, y se
confirma su aprobación el 7 de noviembre de 1949, hasta el día de hoy.
Este mismo espíritu de retroceso político-histórico exibirían los Estados
Unidos, en Caracas Venezuela, en 1954, invocando ser los descubridores de una
«nueva amenaza», pero esta vez ¡Guatemala! y el gobierno presidido por Jacobo
Arbenz; al cual acusaron de ser capaz de romper con la «unidad» del continente
americano y el apoyo al mundo libre. Fue en el período de Arbenz, que se
construyó la carretera al Atlántico y el Proyecto la Hidroeléctrica
Jurúm-Marinalá; repartió tierras a los campesinos, de acuerdo con el decreto 900
de Ley de Reforma Agraria, y expropió de las tierras ociosas a los grandes
monopolios de la United Fruit Company, la IRCA, y la Bond and Share; los cuales
eran manejados por altos personajes de la política norteamericana 3. Esto le
costaría al gobierno de Jacobo Arbenz, sin lugar a dudas, una agresión militar
desde Honduras dirigida por Washington contra su gobierno; la cual fue apoyada
desde varios frentes, sin reparos de ninguna clase, incluyendo a Costa Rica y en
cuyos remolinos naufragó el experimento democrático guatemalteco, culminando en
un baño de sangre y sumiendo en el exilio a muchos de sus dirigentes.

Continua II Parte


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