PALEOPATOLOGIA EN MOMIAS DEL ANTIGUO PERU


MISTERIOS DEL ANTIGUO PERU

A 70 Kms. de Lima, interminablemente asediado por turistas y "huaqueros", extiende su arenoso rostro el valle de Chancay. Como el resto de la costa, es amarillo, reseco, duro, indefinible. La costa: recorriéndole por tierra, una incesante repetición agreste. Un dolor parejo. Desde un avión: la franja impasible frente a un mar imposible, las olas grabadas con acero, una superficie brillante. Todo el paisaje se parece a la muerte. Chancay también. 0 tal vez más, mucho más. El Dr. Hans Horkheimer, que realizó las últimas excavaciones en la zona, calificó el paisaje de "dantesco". Entre los restos de los fardos funerarios destrozados por la avidez de los huaqueros, se veían las calaveras, los huesos dispersos; una larga antigüedad profanada.
Sin embargo, y aunque la cerámica y las telas de Chancay hayan sido repetidamente saqueadas (hasta el punto de que sean las más baratas en el mercado de "antigüedades"), había todavía mucho por extraer y estudiar. Las excavaciones fueron exitosas; el material, complejo y variado; y algunos descubrimientos, desconcertantes, extraordinarios. La investigación arqueológica se diferenció de otras por el hecho de contar con una valiosa colaboración. El Dr. Oscar Urteaga Ballón, distinguido patólogo, realizó el análisis más completo de todos los realizados hasta ahora sobre 25 momias y más de 200 cráneos y huesos.
Toda la paleo-patología peruana había estado concentrada en el estudio de las todavía dudosas "trepanaciones craneanas", es decir, en la investigación de la técnica operatoria que los indios habrían desarrollado para el tratamiento de los frecuentes traumatismos cerebrales. Algunos estudios se habían hecho también sobre la posible existencia de la sífilis (el Dr. Urteaga afirma que nada hace suponer, luego de minucioso análisis, que esa enfermedad haya existido en el Perú precolombino; todo indica, por el contrario, que fue otro de los tantos males de la conquista) y el Dr. García Frías había demostrado, por ejemplo, en 1940, la incidencia de la tuberculosis en los antiguos peruanos. Pero aún no se había realizado el trabajo riguroso, científicamente controlado que realizó Urteaga y que abre de un solo golpe tremendas e inmensas incógnitas. Es decir, preguntas. Es decir, incitaciones indispensables para el desarrollo de la ciencia. El trabajo de Urteaga fue complicado y sistemático, estudió desde el grado de conservación de los tejidos hasta la disección de filetes nerviosos y vasos sanguíneos, pasando por radiografías, cortes anatómicos, preparados microscópicos y estudios químicos.
EL MISTERIO DE LAS MOMIAS
Mucho se puede reconstruir a través de la paleo-patología. Hasta hechos tan simples y, sin embargo, tan notablemente asombrosos como la constatación de que en la piel de pies y manos de las momias no se notan las callosidades habituales de los sujetos acostumbrados (u obligados) a trabajar la tierra. Por el contrario, los "dedos finos y delicados" no manifestaban las huellas que actualmente podemos observar en cualquier trabajador manual. El Dr. Urteaga indica que estas callosidades recién se manifiestan después de los 40 años y que el promedio de vida de los Chancas era probablemente inferior a esa edad. Es decir que morían jóvenes, aún no marcados por los estigmas del tiempo y del trabajo. La hipótesis es discutible, pero abre el camino a otras: ¿No sería tal vez la vida de esos tiempos menos trabajosa que la actual? ¿Los hombres momificados no pertenecerían, tal vez, a las clases altas? La respuesta queda en suspenso, relegada por preguntas aún más importantes: ¿Cómo se logró esta magnífica conservación, que equivale "a la de las mejores momias egipcias"? ¿Hubo un procedimiento secreto, perdido, que permitió la perduración de las más pequeñas fibras, que alejó la putrefacción inevitable, oponiéndose a todas las leyes naturales?
Basándose en algunos cronistas, se ha afirmado que los indios extraían las vísceras ("como si ello impidiera la putrefacción de los tejidos blandos",) y "sacaban los sesos por la nariz". El Dr. Urteaga Ballón descubrió por primera vez tres cráneos con el encéfalo completo, de los que hablaremos más adelante. Observó además que para poder sacar la masa encefálico por la nariz hubiera sido necesario romper las estructuras oseocartilaginosas de la misma. Y estas estructuras se mantenían intactas en todos los cráneos. Los cronistas afirman también que los naturales del país exponían a los muertos a "determinados vapores de plantas". "No hemos hallado evidencias" –dice Urteaga- "pero nos es casi imposible aceptar que la momificación se haya llevado a cabo sin la intervención de la mano del hombre". Sin embargo, la mayoría de los investigadores actuales apoya esta última teoría.
Serían los mismos terrenos de la costa de los que ya hablé, las mismas tierras secas y estériles las preservadoras de los muertos, las embalsamadores naturales. Alejados los fardos funerarios del excesivo calor de la superficie (se entierran a cinco o seis metros) y no existiendo humedad ni lluvia, produciríase la disecación natural de los cadáveres. Pero esta explicación, pese a las numerosas pruebas que la apoyan (soldados de la guerra del Pacífico magníficamente conservados, un cadáver intacto luego de 40 años hallado en un ataúd de Trujillo) no terminan de convencer el espíritu investigador de Urteaga. "Hemos tomado diversos fragmentos de tejido de las momias y los hemos sembrado en los medios habituales que emplea la bacteriología para cultivar microorganismos, sin conseguir colonias de ningún germen aun después de ser expuestos al medio ambiente y sacadas con las manos envolturas y tierras". Es decir que en las momias (e incluso en la tierra del interior de los fardos, como demostró otra investigación) existe una substancia que rechaza a gérmenes patógenos y microbios; las momias "son estériles o refractarias". Aquí no se da ninguna "maldición del faraón", aquí no hay, como hubo en los catafaleos egipcios, gérmenes que produzcan muertes como aquellas que hicieron pensar en la lejana venganza de los reyes. Todo lo contrario, el medio es tan aséptico y estéril como el de la mejor sala de operaciones, las telas de los fardos podría ser usadas como gasas. ¿Habrá existido la "momifilina", esa substancia capaz de mantener alejados del cadáver a los gérmenes productores de la destrucción? Sin gérmenes, no hay podredumbre y mientras durara el efecto (sialos) de la poderosa y extraña droga según un proceso de descomposición afectaría los tejidos.
Cabieses supone que la momificación la realizaban los antiguos Chancas por inmersión. Es decir, bañando el cadáver, una vez extraídos los órganos internos, en el líquido conservador. Urteaga lo refuta. La técnica sería, si fuera cierta la afirmación de Cabieses (que se apoya en numerosas crónicas), similar a la moderna (todos hemos visto cerebros o corazones sumergidos en formol). El cadáver de Lenín en Moscú y el de Caruso en Nápoles son preservado de esta manera. Pero. aclaremos, para que puedan ser preservados es necesario que se los vuelva a "bailar" cada tanto tiempo.
Esto no es todo: un extraño dato observado en las momias de Chancay permite esbozar a Urteaaa una extraña teoría. Lenín y Caruso mantienen la córnea (membrana externa del ojo) intacta. Las momias de Chancay la han perdido. Si hubieran sido sumergidas en líquido, las mantendrían. Pero si, en lugar de ello, la substancia momificante hubiera sido inyectada en la sangre, las córneas desaparecerían, ya que no tienen vasos sanguíneos. Pero si este sistema de la "inyección" fue realizado, habría que reconocer que los antiguos peruanos estaban perfectamente al tanto del sistema vascular humano y de la circulación sanguínea y que hubieran estado al corriente de ello aun antes de que los europeos tuvieran una clara idea del mismo hecho. La idea parece arriesgada. Sin embargo, los que defienden las famosas "trepanaciones" dan por sentado que "el seno venoso longitudinal del cerebro era respetado en las operaciones". Si se puede aceptar que en el Perú pre-colonial se conocían vasos tan secretos e inaccesibles al profano, ¿qué impide el aceptar que conocieran a grandes rasgos los efectos de la inyección de líquidos en la corriente sanguínea y que tuvieran alguna idea sobre la circulación de la sangre? En los territorios actuales de la investigación del pasado y del progreso de las ciencias del hombre, debemos acostumbrarnos a olvidar él significado de la palabra imposible.
UNA INCOGNITA DESESPERANTE:
LAS MOMIAS RUBIAS
El adjetivo "desesperante" no está de más. Para la arqueología y la etnología tradicionales del Perú la aparición de sujetos de cabello rubio y rasgos "occidentalmente estilizados" supone un enigma que, evidentemente, aún no están en condiciones de resolver. Este hecho ocurre en general dentro de las ciencias cuando nuevos descubrimientos ponen en crisis las hipótesis tradicionales con las que esas ciencias se mueven. El descubrimiento de las momias rubias puede constituir uno de esos casos en los que el azar combinado con la rigurosa investigación concreta hacen tambalear los principios teóricos. Y este tambaleo dista mucho de ser una catástrofe. En general es un acontecimiento feliz. Las ciencias avanzan cuando se hace necesario re-pensar los supuestos en los que rígidamente se basaban.
Las momias rubias son cinco. Una de ellas tiene barba rojiza. Otra pertenece a un niño. Dos son de hombre y la quinta es la famosa "Gringa" que diera a conocer profusamente la prensa local. Pero aún no ha aparecido la comuicación científica que el Dr. Urteaaa prepara con los resultados de sus investigaciones y las noticias han sido presentadas fragmentariamente y muchas veces de manera confusa. "La gringa" parece haber sido un hermoso ejemplar humano. Por lo menos para nuestro criterio occidental de la belleza. Está más próxima de las bellas modelos alemanas que hace poco nos visitaron que de cualquier modelo maravilloso de esplendor nativo. "La gringa" tiene pómulos delicados, frente alta en donde no se nota la menor saliencia superciliar; un rostro agudo y fino rodeado de una espesa cabellera dorada. Y la cabellera es dorada; las experiencias realizadas permiten desvirtuar de antemano toda insinuación o hipótesis contraria.
a.-"La gringa" se encontró junto a momias que tenían alrededor de 700 años de antigüedad. La idea de que podía ser una muerta posterior a la conquista fue descartada. En las momias rubias se encontraron las tarjetas "de identificación" de los Chancas. Es decir láminas de oro y plata envueltas en algodón que los indígenas colocaban, seguramente por algún principio ritual, en las bocas de sus muertos.
b.-La idea de que podían los cabellos haber adquirido un tinte pálido o rojizo por efecto de la decoloración al hallarse a la intemperie, también fue descartada. Las o los "rubios" encontrados dentro de fardos funerarios tenían la misma coloración de los que habían permanecido a la intemperie.
c.-La idea de que fueran cabelleras canosas se dejó de lado al encontrar la momia del niño. Pero de cualquier forma y por rigor científico se hicieron las siguientes pruebas (otra refutación se agregó ante el hallazgo de una momia adulta, de cabello rojizo, con canas) : se compararon los cabellos de estas momias con cabellos de otras de pelo negro y con cabellos y canas de sujetos actuales de raza indígena. Los cabellos rubios se revelaron ante el microscopio como mucho más delgados y finos. Los cabellos canosos de sujetos con pelo negro tenían el eje central aún negro (rodeado de pigmento blanco). El eje central de los pelos de las momias no era negro. Las cabelleras de las momias rubias, para terminar, y a diferencia de las otras, no tenían piojos ni liendres de ninguna clase. Por la riqueza de las envolturas parecían pertenecer a personajes de clase elevada.

LAS ARRIESGADAS IMPLICACIONES
DEL DESCUBRIMIENTO
Es la primera vez que se realiza un descubrimiento semejante. 700 años atrás había en América sujetos de raza blanca y pelo rubio; sujetos con características nórdicas. Sólo hacían suponer algo así las antiguas tradiciones indígenas. Por ejemplo, la que describe a Viracocha como un hombre "alto, fuerte, blanco y de barba poblada". También se habían descubierto algunos "huacos barbudos". Uno, que representa a un oriental, puede verse en el Museo Larco Herrera. Pero éstas eran tradiciones, podían ser 44 casualidades". La ciencia es rígida y siempre sedienta de pruebas. Algunas teorías tratadas desdeñosamente, como las del antropólogo Ibarra Grasso (excavador de Tiahuanaco), tendrán que ser puestas nuevamente sobre el tapete. Ibarra no niega la antigua hipótesis que supone al hombre entrando en América hace cientos de miles de años por el estrecho de Behring, en su extremo más septentrional, y de allí expandiéndose gradualmente, fundando culturas, pero piensa que hay que agregar otra más coherente. A ,esas migraciones primitivas se habrían sumado otras posteriores, muy posteriores; que se prolongaron posiblemente hasta después de comenzada la era cristiana. Estas migraciones habrían cruzado el Pacífico desde el sur de Asia, llevadas por la contra-corriente de Huniboldt (tesis exactamente inversa a la de Heyerdahl, el de la "Kon-tiki"). Estas migraciones serían el origen de las desarrolladas civilizaciones americanas, mientras el hombre "de Behring" cuando no tuvo oportunidad de mestizarse con los invasores fue rechazado por ello, y estaría representado por las incipientes culturas selváticas. Esta tesis podría explicar con más facilidad la presencia de sujetos de raza blanca en el continente americano hace 700 años, que la suposición hecha por el Dr. Horkheimer de que se "trataría tal vez de migraciones caucásicas" (es decir la vieja tesis del "Norte"). No decimos que la teoría de Ibarra esté en lo cierto, pero ninguna hipótesis de trabajo puede ser rechazada. Tampoco parece muy verosímil la idea de una migración caucásica que haya atravesado (¿hace cuántos siglos?) todas las Americas sin dejar rastros, viniendo a establecerse o a morir, revestidos de nobleza, a una tribu de la costa del Perú. El Dr. Urteaga se niega a discutir esos puntos; su labor como patólogo no lo autoriza a emitir hipótesis arqueológicas. El descubre y demuestra; el resto pertenece a otras disciplinas.
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