ARTE Y CULTURA
Manifiesto Antifoxista
Casildo Ribera
"No somos muchos, pero somos machos"
Un fantasma recorre México, es el ánima del ultraneoliberalismo foxista, fábrica de pobres en serie a la que modernizarán y darán continuidad los hijastros de la tecnocracia funcional derechizada. En un plan estratégico para terminar de vender al país, el envalentonado clan del conservadurismo se apresta a dorarle la píldora a un pueblo noble pero equivocado que no votó por principios sino por las dotes de histrión, la palabrería, el sentimentalismo patriotero y acartonado del hoy presidente electo. Articulistas, líderes, políticos, empresarios, intelectuales, ciudadanos comunes, amas de casa, jóvenes trabajadores o estudiantes analizan y evalúan, con diferentes grados de entusiasmo: " EL CAMBIO ", ese cambio que seguramente sí se reflejará en muchos de los aspectos de la vida nacional, pero quizá no en uno de los más esenciales: el modelo económico al servicio de los hoy verdaderos dueños de México.
Demasiada, excesiva tinta, se ha desparramado en torno al cowboy de Guanatos y al triunfo del voto del hartazgo que lo catapultó a la presidencia de la república de los nopales. Ojalá que este elevado porcentaje de ingenuidad y coraje no tenga que parir cuates, que no sea esta legión de votantes emergentes quienes, sin compartir ni su proyecto ni sus "marranadas", paguemos la factura.
Es una pena ver como la gente cree sinceramente que votó por el cambio, no por más o peor de lo mismo. Quien llevó a Los Pinos al simpático personaje del que hoy todos hablan, no fue el México que pudo haber sido y no fue. Ganó el México de la emoción, más no el de la razón. El ganador de las elecciones del 2000 es el México de la incultura política, del voto del hartazgo y de la ignorancia, el voto de la ilusión y la fe en los milagros que tendrá que atenerse a las consecuencias.
Quien llega a la presidencia de México no lo hace con el voto panista, ni siquiera con el voto de la derecha, sino con el voto del cansancio. México no es una muñeca vestida de azul, zapatitos blancos y velo de tul; es un pueblo que en el pecado llevará la penitencia. Esa franja del pueblo mexicano que eligió sin saber la hipocresía como ética, al empresariado como guía, a la iglesia como su ángel de guarda y al capital extranjero como dios padre, tendrá seis largos años para "disfrutar" de su cambio, del "carisma" de su líder, de las promesas cumplidas...
En fin, pensar en el México de la derecha-izquierda de Fox me da flojera, en la cursilería grandilocuente a la Diego Fernández de Cebollas, en el moralismo inquisitorial, cavernícola y además "inoportuno" de los legisladores panistas, en Felipe Calderón... ¡no por favor!
Quien conozca medianamente los grandes problemas nacionales, sabe que su solución no ha estado, ni estará, en la política económica aplicada salvajemente por los gobiernos corruptos del PRI, a los que sucederán quienes hoy llegan al poder, y que no representan en materia económica otra cosa más que ¡otra vez pan con lo mismo!
Quizá se debería prohibir el voto a los neófitos, a los que se dejan impresionar por una bravata, por un lenguaje de hacendado del Bajío, a quienes carezcan de una cultura política elemental.
Quien esto escribe no lleva el dignísimo apellido Contreras ni le gana la bilis, simplemente, como otros cientos de miles, se trata de un mexicano más que se avergüenza de vivir en una ciudad y en un país que serán gobernados por la más rancia y retrógrada de las castas políticas.
No tenemos nada que perder, más que nuestros propios huevos.
Antifoxistas de todos los estados de México: ¡uníos!
Ojo de buey
Casildo Ribera
Un día en la vida del tianguis Palo Verde
Siempre que el humor, el bolsillo o la necesidad lo permitan, es bueno dejarse caer por alguno de los tianguis de la ciudad, de preferencia por el del Palo Verde, el bueno. Si busca usted cualquier cosa, por insospechada que sea, seguramente y con un poco de paciencia, ahí la encontrará. Enclavado en uno de los barrios más tradicionales de la capital sonorense, este gigantesco pulpo del comercio en pequeño se transforma, cada fin de semana, en punto de reunión
de buena parte de la familia hermosillense que fiel a la tradición, realiza sus compras en alguno de los muchos puestos de este saludable mercado popular, herencia de los aztecas. Vaya acompañado de alguien que le siga la corriente, un cómplice que tenga ganas de reírse sanamente y pasarla bien sin regarla mucho. Ahí, como dice el Antonio, te encuentras a todos y de todo.
¿Ven ese look? Es el look "chero casual" compuesto de pantalones Wrangler de vestir, cinto pitiado con hebilla de comal, camiseta, tenis y gorra beisbolera.
¿Ves aquél?, esa vestimenta a la "control machete" cuidado, si les caes gordo te pueden enfierrar ¿Verdá maistro?, y el maistro si te descuidas te va a dejar tuerto de un botonazo pero, mira a ese guapo, sabe que lo están viendo y las mata de una mirada o, ya de plano la informalidad total, los al ai' se vá que se ponen lo primero que encuentran, despeinados, en chanclos, con cara de tres días que no la corto y escoltados por su domadora aportan la nota chusca.
¿Ves esos barbajanes que están ahí?, ¿te fijas cómo se les quedan viendo a las clientas?, si se descuidan les pueden ganar con la bolsa... observe, déle vuelo a la imaginación y diviértase... camine... dése un rato para recorrer el área de la segunda donde encontrará, a precio de risa, esa herramienta que tanta falta le hace, esas muletas que su mujer necesita, alguna camisa estilo papatzul, esa depiladora para la suegra, un bat para la seguridad de la casa, lo que sea.
¿Qué se le ocurre? , se lo conseguimos... señor, joven, ¡usted que lo acaba de abandonar su mujer¡, ¡festeje! Venga, distráigase, porque si de ejercitar la pupila se trata, cuenta Manzanares que ¡Dios mío!, el que no es pecador se vuelve, y es que ¡qué bárbaro!, esos pantaloncillos -no se ofendan-, esas falditas, esos escotes que la chabacaneria católica y albiazul culpan de incitar a la violación. Esas Afroditas, Minervas, Cleopatras, princesas anónimas que algún Sergio Andrade autóctono debería contratar, posibles modelos... no, que no le digan, que no le cuenten, agarre su cámara y en plan de safari no tarde en venir a ilustrarse a estos parajes que en donde uno menos piensa, puede sufrir un desmayo o descubrir el hilo negro... o que le bajen la cartera.
Vale la pena. No se muera sin venir a comprar un pañuelo con el dibujo de la virgen.
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