GENERAL
SIETE TESIS EQUIVOCADAS SOBRE LA TRANSICION CON FOX
Manuel Alberto Santillana
1. La transición debe hacerse en orden
Aunque Vicente Fox trata de iniciar su nuevo gobierno con un período de transición una cosa es clara, existen fuerzas de apoyo y fuerzas de resistencia. De ninguna manera se pueden cambiar setenta años de una forma de gobernar y administrar el estado en sus diferentes ámbitos, para pasar a gobernar de inmediato de una forma ordenada y limpia.
De hecho uno de los elementos que interferirán en este nuevo orden que tratará de imponer Fox y su administración es la inercia de la administración priísta basada en favores mutuos y disciplina al grupo. Hasta este momento el sistema gubernamental trabaja bajo un principio básico; Yo llego al poder y meto a mi gente, la cual me es leal y se disciplina a mis ordenes, así sean estas equivocadas o vayan contra los principios personales de los subalternos. Pero ahora con la estrategia Foxista de trabajar buscando el principio de la “eficiencia y la productividad” como base y meta, la disciplina y la lealtad ya no tienen fundamento.
Ahora lo que rifará debe y deberá ser la capacidad demostrada y la mayor preparación de los funcionarios.
Otro punto que impedirá el orden en esta transición es que la actual administración federal, estatal y municipal así como las diferentes secretarías, empresas paraestatales, institutos y organismos de toda índole, así como las organizaciones obreras, no cuentan con un sistema de profesionalización de los servidores públicos, ni escalafonario ni menos de concursos de oposición para alcanzar o subir a los puestos. Simplemente se llega a ser director o jefe porque el de arriba lo nombró.
Y la gente no va a dejar sus puestos, su poder y sus beneficios salariales tan fácilmente.
En síntesis, el nuevo orden tendrá que luchar y duro contar el viejo y todavía actual orden
.
2. La transición es un proceso rápido
Sólo algunos ilusos pueden pensar que a las ocho de la mañana del 2 de Diciembre del 2000, tendremos un país nuevo. Para nada.. Lo que tendremos será un nuevo presidente que se pondrá a trabajar poco a poco. Pero los directores de las clínicas con medicamentos y sillas faltantes, los directores de las escuelas con maestros de bajo salario, los policías y judiciales buscando mordida estarán ahí al día siguiente, y muchos más. La transición, de ser efectiva será de arriba para abajo. Y el objetivo paulatino será lograr un sistema presidencialista poderoso que se vaya desmantelando y lograr autonomía en todos los ámbitos. Pero este desmantelamiento tardará al menos dos a tres años. Es más, si se toma como ejemplo el caso de Cuba, puede decirse que el cambio al socialismo tardó unos cuatro años en ser efectivo; en España, la transición desde la muerte de Franco hasta la instalación de la verdadera democracia tardó ocho años. ¿Por qué habría de ser diferente aquí? Más aún si lo que uno debe preguntarse es qué tipo de transición tendremos si tanto Fox como el PAN son fieles adeptos a los modelos neoliberales de apertura comercial, inversión privada y adelgazamiento del estado. Pero, por lo pronto si lo que se pretende es una transición hacia un sistema de autentica independencia de poderes y la desaparición del presidencialismo autoritario, esto requerirá de por lo menos todo el sexenio de Fox..
3. La transición requiere del concurso de toda la sociedad Esto es un mito. Paradójicamente para romper el sistema presidencialista se requiere un presidente fuerte, al que no se le pueda decir que no. Por lo menos al principio. Y no se requiere de toda la sociedad se requiere de que Fox le cumpla a la gente y grupos que lo apoyaron y que Fox, le demande a la gente que le está solicitando le cumpla. Toda la borrachera de alegría ciudadana que se dio el domingo 2 de julio en la noche tendrá en comparación pocos actores, serán ahora sólo los elegidos por el nuevo gobierno. De todas maneras creo que va a seguir habiendo arribistas y gente astuta que continuará siendo directivo de alguna institución gubernamental actual con todas sus mañas, pero ahora fiel a Fox.
Lo que sí es claro es que grupos empresariales bien definidos, la iglesia y gente del PAN van a demandar puestos y políticas a su favor. Y Fox, para gobernar tendrá que cumplirles y gobernar con estos grupos, más que con toda la sociedad.
4. La transición de Fox implica una derechización del gobierno
Esta consigna de derechización, lema de campaña del PRI durante todos estos meses, es una propuesta equivocada. Reitero no hay contradicción entre los intereses económicos neoliberales del programa de Fox-PAN con los del PRI-Lamadrid-Salinas-Zedillo. Ambos programas pretenden la reducción de tamaño del estado en su personal burocrático, la apertura económica, el apoyo y fomento de la inversión privada, el ingreso de la inversión privada extranjera y nacional y la inversión en áreas estratégicas de la economía.
La diferencia tiene que ver con la eficiencia, la limpieza administrativa y el combate a la corrupción dentro de las filas de la administración. Pero lo interesante es que se ha propalado un miedo a la derechización en las políticas sociales y culturales con la llegada de Fox.
Tal pareciera que ahora estará prohibido usar minifalda o escote, o pelo largo y aretes en los hombres. Me parece que esto no será posible, por un lado porque las cámaras de diputados y senadores impedirán cualquier burrada de estas y, lo más importante porque la sociedad misma se encuentra ya con la libertad cultural e individual en sus manos. Por fortuna, el escote, la minifalda, los bares y table dances seguirán existiendo por muchos obispos o periódicos del opus dei que lo critiquen.
5. La transición por sí misma impondrá orden en el país
En primer lugar ¿cuál es el orden que se busca y se pretende?. Tal parece que el orden ideal de Fox es el de un país empresarial con una población con mejores condiciones de vida, pero sin corrupción. Es decir, de la continuación de los gobiernos tecnócratas inaugurados con
De Lamadrid de instalarnos plenamente en el capitalismo tecnológico actual de los países industrializados. Esto impide por definición un tipo de orden, puesto que lo que se consigue con tales políticas económicas es la protección de grupos empresariales, no el bienestar de la población. A lo que más llegaremos será, en mi opinión, a la instalación de nuevos grupos empresariales que no fueron apoyados en los tiempos de Salinas y Zedillo. A una competencia tal vez de reglas más claras, pero entre fuertes grupos empresariales que entiendan el nuevo orden.
6. En la transición podremos participar todos
Esto con ciertas reservas respecto del punto 4 citado arriba es diferente. Se trata de que la participación puede ser en apoyo a Fox o en resistencia a Fox o, en contra de Fox. Yo creo que asistiremos a fuertes debates en la Cámara de diputados y senadores y a mirar ásperas negociaciones entre gobiernos locales y el nivel federal. Porque habrá grupos políticos y económicos quienes no se dejarán cambiar, sea de cacicazgos locales, sea de gobernadores quienes defenderán justamente su poder regional o, su autoritarismo local o demanden un mejor reparto de los ingresos que ahora abrumadoramente goza la federación.
Por otro lado aún no sabemos cómo participarán los grupos sindicales pro-estatales del corporativismo priísta. Tampoco cómo sobrevivirá el PRI y menos cómo se reestructurará el PRD. Lo que augura una transición forzada y con múltiples negociaciones
7. Cuándo termina la transición
Por último, la transición terminará cuando se instale franca y ampliamente el proceso democrático en el poder judicial. Último y más duro reducto del autoritarismo y la corrupción de este país. Más o menos diez años.
Sin ambages
TRES CAMBIOS FUNDAMENTALES
Manuel Espino Barrientos
Mientras los grupos que por décadas detentaron el poder público de nuestro país consumen sus últimas energías en culparse mutuamente de la derrota sufrida el pasado dos de julio, Vicente Fox promueve el surgimiento de un nuevo régimen político con un gobierno surgido de la consulta ciudadana.
Tres grandes cambios soportan la transición hacia una democracia plena:
Poder presidencial acotado
El primero representado por quien será presidente de la república a partir del primero de diciembre, pero con un poder acotado, sujeto estrictamente a lo que la Constitución le faculta, sin poderes extralegales, sin desempeñarse como el gran mandamás de sectores sociales, de los poderes establecidos en los estados y sin tener injerencia de autoridad de facto en los poderes Judicial y Legislativo de la unión.
Termina así una larga historia de un presidencialismo imperialista donde el titular del Ejecutivo era la piedra angular del estado mexicano. Este reencuentro con la vida institucional sujeta a la Ley hará más equilibrado el poder gubernamental y abrirá espacios a la participación ciudadana que también tiene un buen comienzo al haberse iniciado el proceso nacional de consulta para integrar el Gabinete Presidencial. Éste dejará de ser el instrumento de control político más cercano del Presidente y, lo más importante, dejará de ser la antesala de la Presidencia. Termina la tradición de que es del Gabinete de donde cada seis años emerge el relevo en el mando del Ejecutivo. Queda en el registro de prácticas aberrantes aquella costumbre de que la invitación a formar parte de este exclusivo círculo de influencia y amigos del Presidente, era a la vez una invitación a competir por la sucesión presidencial, donde la ventaja la alcanzaba aquél Secretario que más estrecha relación personal y política alcanzaba con el Presidente.
La competencia entre los miembros del Gabinete no estaba en función de eficiencia, de objetivos cumplidos en benefició de la Nación, sino en razón de la amistad y confianza con quien más adelante habría de designar sucesor en un complicado procedimiento que disimulaba el "dedazo". Eso se acabó, ahora Vicente inaugura un nuevo mecanismo para integrar el Gabinete, sin criterios partidistas, sin el cálculo de fuerzas y el reparto de espacios con el sólo afán de preservar el poder en la "familia revolucionaria" seis años después, aunque a la ciudadanía se la cargara el diablo.
Ahora todos los mexicanos tenemos la oportunidad de sugerir nombres de personas honorables, profesionalmente aptas para desempeñar los cargos de responsabilidad más altos en la estructura burocrática del Poder Ejecutivo Federal. Es inédito, se piensa en el futuro del país, no de un partido político. Se pone en juego la eficiencia del gobierno, no la estabilidad de los grupos enquistados en el poder. Se abre el proceso a la sociedad, no se cierra a la voluntad omnipotente del Presidente en turno. Eso es un cambio fundamental que desencadenará muchos más.
Fin del partido de estado
Un segundo cambio de fondo que dará credibilidad al trabajo de Vicente desde la Presidencia es, sin duda, su desprendimiento formal del Partido Acción Nacional. No va a ser el "primer panista de México", seguirá siendo un ciudadano que en ejercicio de sus derechos cívicos formará parte de la estructura de un partido, como cualquier militante con derechos y obligaciones.
Pero de eso a ser el mandamás del partido que lo postuló para llegar a Los Pinos, hay una enorme diferencia. Se acabó el "Partido de Estado". Ni el Presidente asume la responsabilidad de conducir el destino del PAN, ni éste sujeta su misión en el destino de México a la voluntad presidencial. Tanto Vicente Fox Quesada como Luis Felipe Bravo Mena, Presidente Nacional del PAN, así lo han anunciado porque existe en su organización la convicción histórica de que partido y gobierno no pueden formar parte de un mismo ente político que comparten el capricho de perpetuarse en el poder.
Manuel Gómez Morin, fundador del PAN, expresaba en 1945 ese principio de orden práctico y ético cuando afirmaba que un partido tiene el derecho de llevar a los mejores hombres a los cargos públicos, pero una vez en el poder, aquéllos se convierten en servidores de la nación y no tienen derecho de usar la estructura ni los recursos que son del pueblo, para beneficiar al partido, aún cuando a éste le debiese el acceso al poder.
Que distinta concepción de las relaciones partido-gobierno a la que se tuvo vigente desde 1929. El PRI fue siempre un partido presidencialista que, a decir del extinto José Francisco Ruiz Massieu, estaba para recrear las tareas del Presidente, no para acotarlo.
Muere entonces la simbiótica relación entre partido y Presidente. Acción Nacional se convierte en el partido en el Poder, pero no en el partido del poder. Asume la responsabilidad de ser un vínculo entre las demandas del pueblo y el gobierno, pero nunca un instrumento de éste para controlar al primero. Y lo más importante, se termina el desvío sistemático de recursos públicos para mantener la estructura operativa de un partido que fungía como repartidor de canonjías a cambio del sometimiento de voluntades.
Gobierno sin compromisos con grupos de poder
Un tercer gran cambio está en que el Presidente podrá ejercer un gobierno sin compromisos, sin ataduras a los grupos de "notables" que hacían las veces de contrapeso al poder Presidencial, no para asegurar el beneficio de los mexicanos, sino para proteger los intereses gremiales o de grupos de poder que permitían la supervivencia del régimen. Estos grupos, fielmente representados en hombres como Manuel Bartlett, como Roberto Madrazo, como Carlos Hank, y tantos otros, ¿ahora qué?, cual será su destino ahora que se invalidó su carta de naturalización que avalaba los privilegios para los "patriarcas" de la gran familia revolucionaria. Ya no podrán seguir negociando apoyos que garanticen estabilidad al gobierno a cambio de cuotas de poder. Se les acabó la fuente inagotable de su existencia, lo que explica el desquiciamiento que los ha llevado a enfrentarse en su desvergonzado afán de salvar su propio pellejo. Descanse en paz el viejo régimen.
Por lo que toca a los reductos de ese sistema político superado que se refugia en los palacios de gobierno en algunos estados del país, habrá que ver si la inteligencia de los gobernadores priístas es capaz de dominar la viscera para aceptar los vientos de cambio que soplan por la renovación de nuestras estructuras institucionales.
Por lo pronto habrá que observar la actitud de Armando López Nogales que parece haber enmudecido ante los aplastantes resultados de la pasada elección que a grito de votos expresaron un contundente mensaje: los sonorenses queremos el cambio. Vamos a esperar que transcurran unos días para que el gobernador pase el trago amargo de su fracaso electoral y entonces estaremos en condiciones de opinar de su comportamiento ante este gran acontecimiento del cambio.
PIDO LA PALABRA.
EL PODER CAMBIA DE MANOS PERO NO DE DUEÑOS
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