Documentos Argentina


Adolfo Rodríguez Saá ha manejado una provincia por casi dos décadas, a pesar de los escándalos en los que se ha visto envuelto y de las acusaciones sobre "feudalismo corrupto" y enriquecimiento ilícito que recaen sobre él y su familia.

Gran parte de la adhesión que mantiene en el electorado desde el 83, se afirma en la radicación de fábricas en la provincia favorecidas por la ley de Promoción Industrial, en la construcción de más de 30 mil viviendas que la gente paga en interminables cuotas de entre 60 y 90 pesos y de su hábil política negociadora con el poder ejecutivo nacional, tarea que desempeñó su hermano Alberto en la Cámara del Senado Nacional. Según las propias palabras de Adolfo "para gobernar cuarenta años una provincia hay que hacerlo con la familia y los amigos".

Un año atrás, Adolfo Rodríguez Saá soñó con la Presidencia de la Nación, lanzándose como pre- candidato del PJ para renunciar rápidamente después de haber gastado un presupuesto generoso en afiches y spots publicitarios. Aunque sigue soñando con destinos nacionales, su poder comenzó a quebrarse en los últimos comicios provinciales, cuando retuvo la gobernación con lo justo y perdió la capital puntana ante un ex aliado político.

Para ganar por otros medios ese distrito, es que ahora impulsa una idea de su hermano Alberto para dividir el municipio en cuatro, creando tres nuevas comunas con sus intendentes. Su rival, el intendente Ponce, vería reducido su poder a la zona céntrica de la ciudad y su presupuesto, a una cuarta parte del actual. El efecto de esta propuesta, que intentó aprobar sin consultas y rápidamente gracias a su dominio de las dos cámaras legislativas, fue el levantamiento de miles de puntanos que están en desacuerdo con la división de la capital. Las piedras lanzadas contra la Legislatura de esta provincia sacudieron como nunca el andamiaje político del gobernador Adolfo Rodríguez Saá.

Con este episodio se vislumbran las grietas que comienzan a aparecer en un poder que ya lleva 17 años de mandato ininterrumpido. Pareciera que cierto hartazgo social surge ante la imagen de un caudillo acostumbrado a mandar.
Los escándalos de Rodríguez Saá






El Gobernador se vio envuelto en un secuestro con video de tintes pornográficos incluido. Firmó transferencias de medio millón de pesos para entidades que él y su familia presiden. Y las declaraciones de su hermano quebraron las relaciones con la Iglesia.

Lo que le sucedió al Gobernador de San Luis ese jueves por la noche aún sigue siendo un misterio. A fines de octubre de 1993, Adolfo Rodríguez Saá denunció haber sido secuestrado mientras estaba con su funcionaria y amante Esther "La Turca" Sesín, el 21 de ese mes, en un hotel alojamiento puntano llamado "Y... no C". En aquella oportunidad, Rodríguez Saá dijo haber sido obligado por sus secuestradores a participar de un video degradante, mientras era vejado por los delincuentes. También se habló de drogas, esposas y otros elementos, pero la realidad nunca quedó del todo clara.

Este episodio siguió dando pie a múltiples lecturas sobre presuntas venganzas u operaciones armadas en las que el Gobernador variaba alternativamente en los papeles de victimario y víctima.

Luego de ese incidente, San Luis vio construir la que pasó a llamarse la "Casa del Perdón", una fastuosa residencia amurallada, con salida a dos calles y ubicada a pocas cuadras del centro, que el Gobernador construyó para su mujer, con la que siguió formalmente casado.

Su romance con los votantes tampoco fue alterado por esa infidelidad. Incluso, una de sus parientes mujeres le echó la culpa por el desliz amoroso al propio General San Martín, "que obliga a los hombres puntanos a cumplir con más de una mujer" desde que se llevó buena parte de la población masculina para integrar el Ejército de los Andes.

Sin embargo, la infidelidad parece ser un tema preferido por los Rodríguez Saá, su hermano Alberto, a la vez, senador nacional con desahogos de poeta, escribió una "Cantata trágica de la muerte de Pringles" para este Coronel, máximo héroe puntano, en la que le hizo aparecer una amante, personaje no registrado por la historiografía oficial de la provincia.

No conformes con lo sucedido, los hermanos Rodríguez Saá siguieron haciendo de las suyas. Fiel a su estilo, Alberto Rodríguez Saá difundió por radio su ateísmo y, con aire borgeano, definió a la Biblia como "un libro de ciencia ficción". A partir de allí, las relaciones con el Arzobispado provincial quedaron, obviamente, resquebrajadas.

Hace menos de un mes, el 11 de octubre, el Gobernador autorizó la transferencia de algo más de medio millón de pesos a tres fundaciones que presiden él mismo, su hermano y su esposa.

La información salió publicada en el Boletín Oficial de la provincia, en los decretos mediante los cuales el Ejecutivo puntano cedió 503 mil pesos a estas tres organizaciones no gubernamentales.

Así, se entregaron 217 mil pesos a la Fundación de Investigación Social Argentino-latinoamericana (FISAL), que preside el propio Adolfo Rodríguez Saá.

El Estado puntano también benefició al hermano del Mandatario, Alberto Rodríguez Saá, quien recibió 94 mil pesos para su Instituto de Ciencia y Cultura El Diario.

De acuerdo con el decreto, firmado meses atrás estableciendo esa transferencia de dinero, según publicó también el Boletín Oficial, el monto fue destinado a la gira y puesta en escena de la "Cantata trágica de la muerte de Pringles".

Finalmente, el Gobierno de San Luis estableció un convenio con la Fundación de Acción Social (FAS), que preside María Alicia Mazzarino de Rodríguez Saá, esposa del Gobernador. De esta manera, se concedió a la fundación de la primera dama provincial 192 mil pesos, destinados a un Programa de Desarrollo Juvenil.

Las repercusiones no tardaron en llegar y varios frentes opositores hicieron sentir su desacuerdo con estas transferencias por demás dudosas.
El imperio de los Rodríguez Saá






Cuando accedieron al poder en 1983, los Rodríguez Saá tenían un patrimonio típico de clase media, 17 años de gobierno después, sus bienes alcanzan valores millonarios.

Cuando llegó a la gobernación en 1983, Adolfo Rodríguez Saá declaró tener el patrimonio propio de un representante de la clase media, casi tan humilde como el de su hermano Alberto, quien hoy también es sospechado de ser dueño de un patrimonio millonario. En 1990 fue acusado formalmente de enriquecimiento ilícito, sin que la Justicia puntana pudiera encontrar delitos en su contra.

La acusación fue firmada por sus actuales opositores, el diputado aliancista Juan José Laborda Ibarra y el secretario de Hacienda de la Municipalidad de San Luis, Arturo Petrino. La denuncia incluía datos curiosos, como la compra de seis autos cero kilómetro al contado y en muy pocos días en una misma concesionaria de San Luis.

Rodríguez Saá tendría casas, autos último modelo, una residencia soñada en un cerro de Las Chacras, cerca de la capital, reales o imaginadas empresas y propiedades en el exterior y presuntos capitales obtenidos de supuestas coimas a las empresas que se radicaron en la provincia.

Según el intendente capitalino, Carlos Ponce, ex peronista y ahora su principal opositor, "Rodríguez Saá tiene la fortuna política más grande del país". Para Elías Taurant, un ex miembro del Tribunal Superior que fue obligado a renunciar, "su fortuna ranquea entre las más altas a nivel sudamericano". A Petrino le sorprende "que para mostrar su enriquecimiento ilícito sólo hablen de sus casas, que son lo menos significativo económicamente".

El concejal aliancista Hugo Seitúa menciona que las empresas que se radicaron en la provincia "debieron pagar retornos del 10 por ciento" y que "no alcanzaría la imaginación para ver todo lo que se podría haber hecho con ese porcentaje, que en 17 años de gobierno, a 40 ó 50 millones por año, es de unos 800 millones que se 'perdieron'".

Hasta ahora, el Gobernador saltó todas las vallas que le pusieron y el año pasado soñó con el sillón de Rivadavia, lanzándose como pre-candidato para renunciar rápidamente después de haber gastado un presupuesto generoso en afiches y spots.

Se sabe que Rodríguez Saá vive alternativamente en dos propiedades suntuosas. En el centro su casa tiene 1240 metros cuadrados y cuesta un millón de pesos. En las afueras de San Luis, sobre el cerro, tiene una chacra de 34 hectáreas con parque, pileta, dique propio y helipuerto. La fortaleza vale 2 millones de pesos; sin embargo, el Estado provincial la valuó en 5 mil pesos y paga 10 pesos de impuesto inmobiliario cada dos meses.

Pero esta no es la única imputación que pesa en su contra. También fue acusado del vaciamiento del banco provincial por un grupo de legisladores opositores, quienes lo denunciaron ante la Procuraduría de San Luis para que explique cómo multiplicó su patrimonio desde que asumió por primera vez el cargo, el 10 de diciembre de 1983.

Entre otras cuestiones, quieren saber el origen de los fondos con que su esposa, Alicia Mazzarino, compró una mansión de cuatro plantas, de 800 metros cuadrados, tasada en 1.200.000 pesos, cuando en 1983, antes de asumir como Gobernador, declaró bajo juramento que tenía una casa hipotecada y dos autos usados, un Volkswagen rural y un Renault 12.

Su hermano Alberto también fue acusado de enriquecimiento ilícito. Al asumir su cargo de senador declaró una única propiedad, mientras que hoy, sería dueño, junto con Adolfo de varias propiedades en Capital Federal y Punta del Este. Además, serían propietarioos de un diario, "El diario de la República" - el ex "Diario de San Luis", comprado por Alberto, que monopoliza la publicidad oficial.

Según fuentes locales, los Rodríguez Saá y sus esposas habrían comprado una gran cantidad de automóviles cero km. en 1988. Adolfo, aparte de la mansión en donde vive, tendría varias propiedades más y Alberto optó por una fortaleza en un campo de El Durazno.

Por otra parte, la oposición denuncia que el Poder Judicial se encuentra en evidente dependencia del Ejecutivo provincial. Carlos Sergenese, presidente del Superior Tribunal y del Jurado de Enjuiciamiento fue el abogado de Adolfo Rodríguez Saá en un pleito judicial contra el diario "La Razón". Además fue ex subsecretario de Hacienda; ex ministro de Gobierno; ex presidente - interventor del Banco de la Provincia de San Luis; ex interventor del Centro de Jubilados de la Provincia; ex director de Rentas; y ex interventor de Hidronor.

A pesar de que ya lo hicieron todos sus colegas de la Cámara Alta, los senadores del PJ de San Luis Alberto Rodríguez Saá y Carlos Sergnese siguen negándose a difundir sus declaraciones juradas de bienes. El diputado de la Alianza de San Luis, Juan José Laborda Ibarra, lo denunció por supuesto enriquecimiento ilícito y afirmó que tendría bienes por 22 millones de pesos.

Según la acusación, Alberto Rodríguez Saá pasó de tener una casa y dos vehículos usados en 1983, a poseer actualmente 25 inmuebles y participación accionaria en sociedades anónimas.

Laborda se pregunta cómo hizo el senador con un "único" ingreso como legislador de unos 5 mil pesos mensuales, para comprar directamente o a través de testaferros esos 25 inmuebles que incluyen un edificio ubicado en Rivadavia y Pedernera, donde está instalada una réplica de un casino de Las Vegas con Estatua de la Libertad incluida, valuado en 1 millón de pesos; una vivienda en la calle Lavalle, donde tiene una cancha de básquet propia y que rondaría los 400 mil; el Palacio Mollo tasado en 700 mil pesos; una vivienda en la calle Junín, donde funciona la Fundación de Investigación Social Argentino-Latinoamericana (70 mil); la ex hostería de Merlo adquirida a la provincia mediante remate público (400 mil); por 250 mil pesos habrían adquirido la ex hostería provincial de Balde; por 700 mil, la Hostería de Cruz de Piedra; los Campos en el Durazno, de más de 1.000 hectáreas, con un casco histórico les habrían costado 1.500.000.

Además, la denuncia también afirma que Rodríguez Saá sería el propietario en Buenos Aires de varios departamentos, uno ubicado en Libertad al 1200, cuyo valor llega al millón de pesos. En Uruguay, tendrían un departamento en el edificio El Torreón de Punta del Este, tasado en otro millón de dólares. Sin contar los varios vehículos, entre ellos, un BMW 1999 valuados en 200 mil dólares en total.

Para el delito de enriquecimiento ilícito, el Código Penal establece que se invierte la carga de la prueba; es decir que los Rodríguez Saá deberían demostrar con qué ingresos lícitos aumentó su patrimonio desde el 83 hasta la fecha.
Rodríguez Saá, un apellido con historia






Rodríguez Saá es sinónimo de caudillo en la provincia de San Luis. Los antepasados del actual gobernador marcaron la historia política de la región desde mediados del siglo XVII y casi todas las generaciones de la familia se desarrollaron en la vida pública.

El puesto de gobernador fue ocupado nueve veces por distintos Rodríguez Saá. Sin embargo, desde la década del 30 hasta 1983 la familia estuvo apartada del poder. El último que ocupó ese cargo fue Ricardo en 1934, hasta que en 1983 Adolfo llegó al poder de la provincia y continuó con la tradición familiar.

La primera persona en llevar el apellido compuesto Rodríguez Saá nació en San Luis a mediados del siglo XIX, cuando el comerciante José Elías Rodríguez, descendiente de un granadero del general San Martín, se casó con Feliciana Saá. La historia a ella no la favorecía, ya que su tío Juan había encabezado una rebelión federal en 1840 y terminó refugiado entre los indios, a quienes acaudilló y con los cuales se ganó el seudónimo de Lanza Seca por su ferocidad.

Años más tarde, en 1860, Juan Saá fue gobernador de San Luis y se convirtió en el primero de la familia en llegar a las altas esferas políticas. Para ese entonces, el país se hallaba dividido en dos estados: Buenos Aires y la Confederación Argentina.

En 1861, Saá fusiló a Antonio Aberastain -gobernador de San Juan en ese entonces y entrañable amigo de Domingo Faustino Sarmiento- porque mediante un golpe militar había instalado en la provincia sanjuanina una política favorable a los intereses del Estado de Buenos Aires y en detrimento de la Confederación Argentina.

A raíz del fusilamiento, el mismo año, se produjo un enfrentamiento que terminó con la victoria de Bartolomé Mitre, líder de Buenos Aires, sobre Justo José de Urquiza en la batalla de Pavón. A partir de entonces, Mitre pasó a ser el presidente de una República Argentina totalmente unificada.


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