EL NEGRO CAZON - El Grande del Handball Argentino
Tiene el arco en el alma
El Negro Cazón dejó el handball en el 99 tras 15 años en River. No aguantó y volvió con todo.
"Quería terminar mi carrera en un buen nivel, luego de haber salido campeón. Y a partir de lo que me pasó esta temporada, creo que es el momento ideal de mi retiro"
Guillermo Cazón lo dijo con absoluta seguridad. Emocionado, un tanto melancólico, elaboró con cuidado cada una de sus palabras cuando le comentó al Suple (en agosto de 1999) que había guardado para siempre sus 15 años de trayectoria en el arco de River. Se iba, y no había vuelta atrás. No había hasta que, tres inviernos después, nuevamente se largó a coquetear bajo los tres palos. La pasión y sus ganas fueron mucho más fuertes que la convicción con la que declaró su adiós. Así lo confirma la alegría que exterioriza por integrar el equipo que pasó a la semifinal del Metropolitano y que el viernes jugará contra Ferro de Merlo en Villa Ballester.
"No podía estar sin el handball. Así de simple. A pesar de que sabía que no iba a ser fácil, todo fue más duro de lo imaginado", cambia las palabras Cazón, o simplemente el Negro, como lo llaman con cariño aquellos que pertenecen al mundo del handball. Motivaciones le sobraron para cambiar su historia. Había quedado como preparador físico y entrenador de arqueros del club, hasta que no aguantó y le pidió al técnico, Eduardo Gallardo, otra oportunidad. "El apoyo de Daddy y del equipo fue fundamental. Sin ellos no me hubiera animado a volver", agrega. Desde ese momento, ya sumó una vuelta en el Apertura 2002 y hoy va por otra.
En 1984 llegó de Salta convocado para una Selección de handball (en la que jugó hasta el 88) y aprovechó para mostrarse y quedarse para siempre en el club de Núñez. Ya en Buenos Aires, a la par de su carrera en River, trabajó hasta la actualidad como profesor de educación física y de rugby en el Colegio La Salle y en una escuela de Longchamps. "Es lo que me gusta y lo que me permite otro ingreso como para poder seguir dedicándome a atajar", comenta quien disfruta de la contención de su mujer Alejandra y sus hijas María Paula y Miranda.
Con sus 37 años —un veterano como Angel David Comizzo— es más viejito que su DT. Ha convivido con tres generaciones de jugadores de River que lo vieron permanecer. Ha experimentado como pocos el sentimiento hacia la camiseta. Ha dicho seguro que se iba porque el arco estaba cubierto pero volvió "porque se fueron varios chicos y pensé que podía ser útil". Ahora también habla con seguridad cuando cuenta que "el día que me cueste entrenar, tendré la obligación de dejar". Sin embargo, ya no es tan determinante como en el 99. Deja el final abierto.
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