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BOSQUE NATIVO


"Millones y millones de toneladas de tierra se pierden en el mar, ya lo sabemos, pero no nos preocupa. Montamos grandes aparatos jurídicos y es nuestro deber hacerlo y es natural que lo hagamos, para defender muchas veces en la frontera, espacios muy limitados de tierra, y en cambio perdemos provincias enteras por la erosión y por la destrucción de los bosques y eso a nadie preocupa. Este es un drama nacional. Estamos destruyendo nuestro territorio, destruyendo nuestros recursos hidráulicos, inutilizando nuestras faenas como es el caso de las obras de riego (...) y ante esto permanecemos impasibles. (...) cada año perdemos mucho más de lo que al país cuesta cada obra de regadío. Y si a esto le pudiéramos poner un nombre diría que da la apariencia de una insensatez nacional."

Eduardo Frei Montalva, 1965.


EL MODELO FORESTAL DE CHILE Y SUS CONSECUENCIAS

El desarrollo forestal alcanzado en el país suele publicitarse como un modelo exitoso, resultado de la aplicación de políticas neoliberales. En Chile se han plantado más de 1,3 millones de hectáreas de árboles, que fueron el punto de partida de un incremento notable de las exportaciones madereras, que se han ido diversificando hasta alcanzar más de 400 tipos de productos diferentes y ampliado sus mercados a ochenta países.

Hoy poseemos una de las mayores superficies plantadas de Pinus radiata del mundo. Sin embargo, el modelo forestal chileno ha resultado en una pérdida de la calidad de vida de la población de las zonas forestales y has sido la causa de una importante degradación ambiental.

Pese a su caracterización de neoliberal, el modelo se ha basado en la participación directa y permanente del Estado, tanto en la creación del recurso forestal, como en la infraestructura industrial y en el establecimiento de reglas de juego favorables a los intereses de los grupos económicos involucrados.

El modelo de desarrollo forestal implementado en Chile constituye un ejemplo de un tipo desarrollo socialmente regresivo y ambientalmente insustentable. Este tipo de desarrollo, que se dio en el marco de un gobierno militar que brindó su apoyo a los grandes grupos económicos y al capital transnacional, ha generado miseria, despojo y explotación.

Las plantaciones forestales no sólo han fracasado en reducir la presión sobre los bosques nativos, en mejorar la conservación de suelos y aguas o en promover el empleo y el desarrollo social, sino que además han dado lugar a una creciente artificialización de los ecosistemas, en particular a través del uso de agroquímicos, que generan problemas aún mayores a los que pretenden resolver.

El boom forestal ensalzado a través de las estadísticas de exportaciones y de producción industrial, ha tenido además como resultante la disminución y aún la desaparición de gran parte de la sociedad rural chilena. Antes se despojó a los indígenas de sus tierras, ahora a los campesinos.

Mientras se promueve el modelo fabril de las plantaciones industriales monoespecíficas, los recursos forestales nativos continúan siendo ignorados o depredados, debido a que su manejo sustentable no se adapta a los intereses económicos de una pequeña minoría de poderosos chilenos o extranjeros, aunque redunde en beneficio de las mayorías presentes y futuras, del pueblo chileno. Para muchos campesinos, el avance de las plantaciones de pino y eucaliptos parece constituir el avance de un ejército verde implacable amenazante de la vida.


DESARROLLO HISTÓRICO

A la llegada de los españoles el país estaba cubierto por un tupido bosque, desde Copiapo al sur. Al comenzar los enfrentamientos con los indígenas, los conquistadores iniciaron quemas de bosques para alejarlos. Un par de siglos después los alemanes en el sur incendiaron grandes superficies para abrir praderas y comenzar labores de cultivo.

En 1965, existían una 200 mil hectáreas de pino que proveían de materia prima a la industria como alternativa al uso del bosque nativo. Sin embargo, el proceso se revirtió a partir de 1974, cuando la nueva política forestal de la dictadura dio lugar a un proceso de sustitución del bosque nativo por plantaciones de pino. Pinochet anunciaba en noviembre de 1986 su orgullo por el millón de hectáreas de bosque foráneo plantado durante su gobierno. En 1992, se estimaba que anualmente desaparecían 6 195 hectáreas de bosques nativos por sustitución de plantaciones.

Durante la dictadura, a pesar del modelo neoliberal y la filosofía de la libre empresa, fue el Estado, con dinero de todos los chilenos, el que subsidio las nuevas plantaciones y realizó grandes inversiones para la construcción de las plantas de pulpa y papel. La dictadura prácticamente regaló tierras, semillas e infraestructura al sector privado forestal. Basta recordar las privatizaciones de las empresas de celulosa Arauco y Constitución, de Forestal Arauco y de Inforsa. Al llegar el momento de la tala, los privados se enriquecieron fácilmente a costa de las arcas nacionales.

Durante los últimos años, dos nuevos agentes de destrucción de bosque nativo pasan a primer plano: las plantaciones de pino (y de eucaliptos) y la exportación de astillas destinadas a la producción de pulpa para papel.


A partir de 1986 se inicia un proceso acelerado de explotación de bosques nativos para la producción chips (astillas), destinada a la exportación, fundamentalmente hacia Japón, para la producción de pulpa de papel. Se calcula que en 1990 se habrían explotado unas 19 mil hectáreas de bosques que perdieron, en la mayoría de los casos, su potencial productivo y, en muchos casos, fueron luego reemplazados por plantaciones de eucaliptos.

Las exportaciones de chips de maderas de bosques nativos pasaron de 13 900 toneladas, en 1986, a 1 702 900, en 1991, constituyendo en ese año el 55 % del total de astillas exportadas. El 45 % restante provino de plantaciones de eucaliptos (30 %) y pino (15 %).

Uno de los principales argumentos que esgrimen los promotores de los cultivos forestales, es que, al abastecer parte de la demanda con madera de las plantaciones, se vuelve menos necesario cortar árboles de los bosques nativos. Este argumento se ha demostrado falso. De hecho, las plantaciones de pinos se han convertido en un activo factor de degradación de los bosques nativos.

SITUACION DE POBREZA Y EL BOSQUE CHILENO

Las poblaciones rurales chilenas no sólo no se han visto beneficiadas por el desarrollo forestal, sino que su situación ha empeorado en comparación con la situación anterior al desarrollo de las plantaciones. El presente modelo de desarrollo forestal es incluso, hoy, visto por muchos campesinos como una amenaza para su sobrevivencia. La actividad forestal, lejos de generar más empleo, ha sido la causa directa de la expulsión de campesinos y asalariados del campo. Ha sido una práctica habitual de los empresarios forestales expulsar de cualquier forma a la población existente para evitar posibles incendios y recolección para leña.

Los censos de población prueban que las comunas con mayor superficie cubierta por plantaciones, son las que han expulsado una mayor proporción de campesinos, mientras que, en el extremo opuesto, las comunas agrícolas del valle central no han expulsado población.

Se calcula en unos 100 mil el número de trabajadores vinculados al sector forestal, sin embargo, las jornadas totales trabajadas demuestran que la ocupación en términos de empleo permanente, no alcanza a más de la mitad de estos trabajadores. La mayoría trabaja para subcontratista en precarias condiciones de protección laboral.

El modelo de explotación forestal requiere muy poca mano de obra, la cual casi siempre es calificada y contratada en centros urbanos. A medida que avanzan las plantaciones avanza la pobreza.

Las empresas se quejan de la baja productividad de los trabajadores forestales, sin hacerse cargo del maltrato del que han sido víctimas, y de la expulsión de la población rural. Basta recordar que durante la dictadura (prohibida la organización sindical) los obreros dormían en el suelo a cielo abierto, pagados en especias.


DEGRADACION ASOCIADA A LA SUSTITUCIÓN DEL BOSQUE NATIVO.
PÉRDIDA DE LA BIODIVERSIDAD NACIONAL

Entre 1978 y 1987 unas 50 mil hectáreas de bosque nativo desaparecieron en dos de las principales regiones forestales del país (VII y VIII), desapareciendo también casi la tercera parte de los bosques de la costa de la VIII región para sustitución por plantaciones de pinos.

Esta conversión ha afectado negativamente la supervivencia de especies animales y vegetales endémicas de la zona. Se pueden nombrar, entre otros, al pudú, el zorro chilote, el huemul, la ranita de Darwin, como especies en peligro de extinción que se ven afectadas por la destrucción de sus hábitats naturales. Diversas especies de aves han tenido que migrar ante la imposibilidad de realizar sus nidos en los pinos.

Esto también ha permitido la aparición de especies oportunistas que se transforman en plagas afectando no sólo a las plantaciones de pino, como lo es la polilla del brote.

Muchas empresas han enfrentado las plagas con plaguicidas químicos, que no sólo mata la plaga sino todo lo que viva, envenenado la tierra. Discusión aparte es el hecho que se usen en el país plaguicidas fabricados en EE.UU. que están prohibidos de usar en Norteamérica.

La mala costumbres de despejar zonas a través de la quema controlada también ha afectado valiosos ecosistemas, ya que en la quema no sólo muere la cubierta vegetal sino que también todos los animales asociada a ella. El copihue ha sido una de las víctimas inocentes de estas quemas.

Por último, la sustitución de la diversidad por la homogeneización, además de ser menos atractiva para la vista y el espíritu, va en contra de las leyes básicas de la naturaleza. El tejido del ecosistema se sustenta en el amplio número de interrelaciones entre las especies que lo conforman. A menor número de especies, menos interrelaciones, se debilita el tejido y se hace todo más vulnerable.

LA AMENAZA CONSTANTE DE EROSIÓN
Cada día se acumulan más pruebas de que las plantaciones industriales son una causa importante de la degradación de suelos. Dicha degradación se explica por que a diferencia de los bosques nativos, las plantaciones de pinos tienden a extraer del suelo más nutrientes de los que le devuelven, debido a la ausencia de un proceso rápido de humificación, provocando una disminución paulatina de fertilidad de los suelos. El rápido crecimiento de las plantaciones en Chile se debe a la riqueza del suelo generada por la existencia de nuestro bosque nativo.

Los pinos producen una acidificación del suelo, que mata a los microorganismos descomponedores que son la base de la formación continua de la capa vegetal que sustenta al bosque. A más pinos, más pobre se hace el suelo, luego por tanto se hace necesario fertilizar con sustancias químicas iniciando una espiral de empobrecimiento de suelos, de aumento de costos y degradación ambiental.

Todo esto abre la herida principal de la degradación ambiental de la nación: la erosión. Las lluvias llevando al mar el suelo fértil del país al mar. El país transformado de selva a roca desnuda.

CAMBIOS EN EL RÉGIMEN HÍDRICO DE LAS CUENCAS HIDROGRÁFICAS

Se ha comprobado que las plantaciones de pino modifican el régimen hídrico de las cuencas hidrográficas, debido a que estos poseen una evotranspiración un 60 % superior al bosque nativo, además que el suelo de acículas no permite que las aguas lluvias lleguen al suelo, permaneciendo seco este, cortándose ciclos naturales del agua que han permanecido intactos por siglos, desapareciendo pequeñas vertientes y cursos de aguas, que producen a la tierra un efecto parecido a la varices en la circulación sanguínea humana.

Angol enfrenta problemas de abastecimiento de agua, ocho años después de la instalación de plantaciones a su alrededor. A esto se suma, que la poco agua que queda se encuentra contaminada por las malas práctica forestales. Para muestra, la contaminación de Constitución gracias a las celulosas.



MARCELO BAEZA SEQUEIRA
Comisión de Medio Ambiente JDC
JDC de Valparaíso




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