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NOTAS DE UN PERIODISTA


10 de noviembre de 2000

BANANA REPUBLIC

Éste es el pueblo del all right
donde todo se encuentra muy mal
éste es el pueblo del very well
donde nada está bien...
Nicolás Guillén

Rubén Duarte Rodríguez

No se quien sería el primero en inventar la expresión “repúblicas bananeras”, que en su obvio sentido racista quería mostrar la diferencia entre la democracia realmente existente en los Estados Unidos y su falta absoluta en los pequeños países de centroamérica y el caribe, que por extensión llegó también a aplicarse a toda la América Latina, ya que sus habitantes, por definición, éramos incapaces de darnos sistemas políticos democráticos, modernos y estables, creados a imagen y semejanza del que supuestamente prevalecía en USA.
Aquí los nativos nos la pasábamos tirados en una hamaca o debajo de un sahuaro, soportando tiranos y partidos únicos. Allá, los güeros trabajaban duramente en la construcción del sueño americano, modelo de aplicación universal; tanto, que se justificaba imponerlo sobre las bayonetas de los marines en Guatemala, en Santo Domingo, en Granada, en Panamá y, un buen día de estos, en Cuba.
La más sorprendente paradoja de este año 2000 es que las elecciones en el paraíso de la libertad, de los derechos civiles y de la democracia, se parecen cada vez más a las de México en sus aspectos más conocidos: corporativismo, compra de votos, fraude en las casillas, caciquismo de gobernadores, nepotismo de las familias reales Clinton y Bush.
Antes de la reñida votación del 7 de noviembre, las presiones que los partidarios de Gore hicieron sobre Nader para que retirara su candidatura y llamara al “voto útil” para impedir el triunfo de Bush, nos recordaban demasiado la película del 2 de julio mexicano, cuando se ejerció un chantaje semejante de los foxistas sobre los posibles votantes a favor de Cárdenas.
El sistema electoral yanqui no sólo se ha caído como el de México en 1988: ha explotado en mil pedazos, ya nunca será el mismo pues su credibilidad se ha roto, está en crisis en un escenario donde no basta con obtener la mayoría del voto popular en las urnas para alcanzar el triunfo en los comicios presidenciales, como le ha sucedido al pusilánime candidato demócrata, quien exhibió su falta de decisión para pelear en serio cuando se precipitó a felicitar a George W. Bush, sólo para hacer el ridículo y retirarle la felicitación unos minutos después.
Sírvale de consuelo que no fue el único en dar el resbalón: los gobiernos de Rusia, China, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Holanda, Turquía e Indonesia, así como el presidente de la Unión Europea, Romano Prodi, compitieron entre sí para ser los primeros en llamar a Houston expresando su beneplácito al presunto ganador.
El escándalo focalizado en la Florida, donde gobierna Jeb Bush, el “hermano incómodo” del candidato republicano, ha desnudado los métodos fraudulentos de los que son capaces de echar mano los hijos de un ex presidente para arrebatar un triunfo que no les pertenece y en el que nadie cree.
Solamente en Palm Beach, la sospechosa anulación de alrededor de 19 mil votos -más que suficientes para cambiar las cifras de la votación, que en los recuentos del día 9, redujeron la diferencia entre Bush y Gore en apenas 200 sufragios-, nos hace pensar que en realidad la producción de plátanos y el turismo no son las únicas actividades en las que se parecen Tabasco y la península que ha sido comparada con las barbas del Tío Sam.
Si aquí los muertos votan en los pueblos, allá hasta ganan escaños en el senado y se los quieren heredar a su esposa, como en el caso del ex gobernador de Missouri Mel Carnahan, fallecido dos semanas atrás al estrellarse el avión en que viajaba, y ahora su viuda Jean se prepara para ocupar su lugar.
En Nueva York, Hillary Rodham Clinton enfrió rápido los ánimos exaltados de las feministas –más de afuera que de adentro de su país, que la conocen mejor- al anunciar por adelantado que no pretende la candidatura presidencial para el 2004, fecha para la que todavía falta mucho tiempo y sus partidarias podrían “obligarla” a cambiar de opinión. Después de todo, si un hijo de presidente puede, ¿por qué no una esposa que además sabe perdonar?
El que ya demostró que carece de esta capacidad es el todavía gobernador texano, quien no ejerció su prerrogativa de clemencia el pasado jueves, cuando fue asesinado legalmente el mexicano Miguel Angel Flores, a pesar de las numerosas irregularidades de su caso, al impedirle contactar con su consulado, al ser menor de edad y obligarlo a confesar su crimen sin la presencia de un abogado, y también al admitir testimonios prejuiciados en su contra, como el del psiquiatra Clay Griffith, quien sin entrevistarse con el ejecutado, aseguró a la corte que podía cometer nuevos asesinatos si no se le aplicaba la pena de muerte.
De llegar Bush a la casa blanca, que nadie se engañe sobre el destino que les espera, no sólo a otros 45 connacionales condenados a la pena capital -que permanecen en espera de un milagro en diferentes cárceles de EU-, sino a todos los inmigrantes que arriesgan sus vidas al cruzar la frontera por Arizona, Texas o California para buscar trabajo.




5 de noviembre de 2000

MEXICO DESPUES DE CLINTON
Rubén Duarte Rodríguez

Desde hace casi siete años, a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, para las grandes compañías transnacionales México es un botín de la globalización, un paraíso para la inversión y la obtención de rápidas superganancias, gracias a la abundancia de fuerza de trabajo que se vende por debajo del precio que ésta alcanza en los Estados Unidos y en Canadá.
Frente a la integración del gobierno de Vicente Fox Quesada, nos hemos enterado del veto de Washington a posibles miembros del gabinete, así como de la imposibilidad de que el guanajuatense cumpla sus promesas de campaña por la sencilla razón de que chocan con las políticas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que las imponen como condiciones para conceder sus préstamos.
El pasado 30 de octubre, el presidente de EU, Bill Clinton, en una entrevista transmitida por Univisión, adelantó ya que las reformas de Fox no serán “muy populares en el corto
Plazo”, por lo que deberá contar con un “un buen equipo”, adquirir una “reputación de confianza” -de la que han carecido sus antecesores priistas- y obtener “el apoyo de los
otros dos partidos o de sus representantes en el Congreso”.
Estos “consejos” que le da a Fox el representante de los intereses del poderoso vecino del norte constituyen una auténtica injerencia en asuntos de política interna, como no se habían visto nunca antes y expresa muy bien la forma como ellos conciben la nueva situación de la dependencia económica, como subordinación.
De hecho, el presidente estadounidense pasó su primer mandato entero sin siquiera cruzar el Río Bravo ni pisar territorio mexicano o latinoamericano. No lo necesitaba porque la hegemonía del imperio se consolidó y afirmó como única superpotencia mundial, evidenciada en la guerra del Golfo y exhibida en el nuevo ciclo económico
Expansivo que comenzaba.
No olvidemos que la crisis mexicana de 1994 se aplacó con un préstamo de 50 mil millones de dólares y el compromiso del gobierno de Zedillo de depositar los ingresos del petróleo en bancos de EU.
Al terminar su segundo mandato, Clinton entregará a su sucesor un cuadro mucho
más agitado que el que recibió. En estos ocho años transcurridos, la prometida bonanza económica fue cortada por la crisis internacional, con sus epicentros en el sudeste asiático, en Rusia y en Brasil, que desestructuró hasta la economía chilena, una crisis de la cual el continente hasta ahora no se ha recuperado.
Washington cuenta con México como mayor aliado, cuya economía se expande solamente en tanto EU mantenga su crecimiento y representa al mismo tiempo su fragilidad. En los otros temas prioritarios para el gobierno yanqui, como la inmigración y el narcotráfico, el cuadro también se volvió más agudo.
Conforme la crisis económica de la región latinoamericana y el modelo neoliberal aumentaron la inmigración, este problema se intensificó. Y el narcotráfico se extendió ampliamente a México, al punto de que se volvió tan importante en el
circuito del tráfico de drogas como antes lo fue Colombia.
Quien quiera que sustituya a Clinton en la Casa Blanca, como resultado de las elecciones de este 7 de noviembre, no podrá darse el lujo de despreocuparse de México y América Latina.
En el propio territorio estadounidense, un movimiento contestatario, el más importante conocido desde las protestas contra la guerra del Vietnam, renace impulsado por el movimiento contra la mundialización capitalista, rompiendo con la monotonía de una vida política y de una campaña presidencial dominadas por los grandes intereses
financieros.
La renovación contestataria ha emergido gracias a la convergencia de grupos que, hasta ahora, habían permanecido desunidos en el seno de un movimiento sindical corrupto, corporativista y demasiado ligado al Partido Demócrata, y de una izquierda política empantanada en un radicalismo de campus que oponía las nuevas luchas progresistas (feminismo, ecología) y la defensa de las minorías étnicas y sexuales a las reivindicaciones sociales.
En 1995, por primera vez después de decenios, se concretó la alianza entre los sindicatos obreros (AFL-CIO) y un movimiento ecologista anclado en las clases medias y muy popular entre los estudiantes. Se les unieron en 1998 las organizaciones de defensa de los derechos humanos para ampliar esta nueva alianza.
Luego vinieron las movilizaciones de Seattle en noviembre 1999, que unieron a 40 mil sindicalistas y 10 mil ecologistas; las de Washington en abril de este mismo año con más de 10 mil jóvenes; las protestas ante las convenciones republicana (Filadelfia ) y demócrata (Los Angeles). En total, más de 100 mil personas han participado en las manifestaciones.
Gran novedad, el movimiento es el centro de constitución de un verdadero movimiento cultural: realizaciones artísticas de gran colorido, nueva música inspirada en el hip-hop y el rap, marionetas gigantes, teatro de calle, danza, atmósfera de fiesta, trabajo con las consignas, como no se habían visto desde los años 60 y 70.
El recurso a las acciones directas (interposición, bloqueo de calle, militantes que se
encadenan ante algunas instalaciones) contribuye así a la atracción de muchos jóvenes.
En cualquier caso, las movilizaciones de estos últimos años representan claramente el primer movimiento hacia la izquierda de una parte de la población americana desde hace varios decenios.


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