NOTAS DE UN PERIODISTA
1 de diciembre de 2000
YA
Rubén Duarte Rodríguez
La cara sonriente de satisfacción de Vicente Fox Quesada al alisarse la banda presidencial cruzada sobre el pecho fue más significativa y elocuente que su discurso y la esgrima verbal con diputados en la toma de posesión: nada pudo opacar el ambiente festivo del inicio de una nueva etapa de la política mexicana que, por lo pronto está cuajada de promesas del recién ungido, que encarna y concentra las esperanzas de millones de mexicanos y mexicanas.
Por más que el flamante mandatario se haya cuidado de asegurar que cambiará todas las formas autoritarias, verticales y corruptas a las que nos acostumbraron más de siete décadas de gobiernos priistas, el hecho es que esa es la esencia de la política, no sólo en México, sino en todas las sociedades humanas donde el imperativo de la ganancia más alta y en el menor tiempo posible, se coloca por encima de los intereses generales, de eso que los panistas denominan “bien común”.
Verdad es que la reforma educativa que nos ha presentado como una de las piezas maestras de su recién inaugurada administración, propone extender la educación a toda la población, elevar la calidad, asimilar los conocimientos de vanguardia, lograr la equidad, crear un sistema nacional de becas y otros objetivos con los que nadie podría estar en desacuerdo, en principio.
Pero ni aún en el mejor de los escenarios posibles, estos proyectos no pueden desarrollarse plenamente en el limitado período de un sexenio. En éste, como en todos los demás renglones del quehacer gubernamental se necesitan no decisiones y anuncios espectaculares, para apantallar a los ilusos, sino de planes y estrategias a largo plazo.
Como dice Silvia Gómez Tagle en su artículo “Educación para la democracia”, publicado ayer mismo en La Jornada: “Las generaciones que hoy ingresan a primaria no tendrán ningún futuro si al cumplir el ciclo de educación básica no consiguen continuar sus estudios aprovechando el bagaje de conocimientos y experiencias adquiridos. Lo mismo ocurre con los universitarios que dentro de seis años habrán terminado una maestría o un doctorado, ¿cuáles serán las oportunidades que se les ofrezcan en el futuro para formar parte de una planta de investigadores de alto nivel o para ingresar en una actividad profesional pública o privada?”.
Nuevamente, la represión de los granaderos y policías montados contra los estudiantes del Consejo General de Huelga de la UNAM que se manifestaban para protestar en contra de la privatización de la educación, donde salieron golpeados niños y mujeres, y también se practicaron detenciones, es la más clara demostración de que no existe todavía el menor acuerdo o intento de acercamiento entre el naciente gobierno y los universitarios.
Los hechos son más poderosos que las bellas palabras pronunciadas desde la tribuna parlamentaria. Y no podrá haber ningún avance mientras no se restablezcan las vías del diálogo, rotas desde la ocupación de la ciudad universitaria por la anticonstitucional Policía Federal Preventiva y las detenciones masivas de los huelguistas del CGH.
La guerra en Chiapas es el otro impostergable saldo pendiente que deja Zedillo, quien a su vez lo recibió de Salinas, sin que ninguno de ambos presidentes prisitas –hoy enemigos acérrimos- hayan hecho algún intento real por solucionarlo.
Como dice el subcomandante Marcos en su carta de despedida a Zedillo: “A lo largo de su sexenio, usted se empeñó en destruir a los indígenas que se alzaron desafiando todo lo que usted representa... Cuando usted llegó al poder, tenía la libertad de escoger cómo enfrentar el alzamiento zapatista. Lo que eligió e hizo ya es historia. En su carácter de comandante supremo del ejército federal y con todo el poder que da el ser titular del ejecutivo, podía haber escogido el camino del diálogo y la negociación. Podía haber dado señales de distensión. Podía haber cumplido lo que firmó en San Andrés. Podía haber llegado a la paz. No lo hizo”.
Ahora Fox parece que quiere hacer historia de otra manera. Por lo pronto, ya anunció que el próximo martes 5 de diciembre hará lo que nunca quiso hacer su antecesor: enviará la iniciativa de ley elaborada por los diputados de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) que contiene precisamente lo que se firmó en San Andrés para lograr una paz con justicia y dignidad en Chiapas, para otorgar la autonomía a las comunidades indígenas de ese estado y en el resto del país.
Sin embargo, no cumplió con la promesa de ordenar el retiro de las fuerzas armadas de la denominada “zona del conflicto” en el primer día de su mandato, para no hablar de aquellos famosos 15 minutos en los que solucionaría el problema.y la insistencia en no mencionar por su nombre al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, no presagia nada bueno.
En fin, ya dijo que él tiene “las botas bien puestas sobre la tierra” y también que de ahora en adelante su gobierno será uno en donde “el presidente propone y el congreso dispone”. Está por verse todavía si los diputados y senadores están a la altura de la nueva situación que ha comenzado para México y los mexicanos justamente el 1º de diciembre. ¡Salud! Y que les sea leve.
28 de noviembre de 2000
ABIGAEL BOHORQUEZ Y OSCAR WILDE
Rubén Duarte Rodríguez
La obra de arte es siempre única.
La naturaleza, que no hace nada perdurable, se repite siempre,
a fin de que nada de lo que ella hace se pierda.
Oscar Wilde
Hace cinco años que terminó la existencia física de Abigael Bohórquez, a quien ya muchos celebran -sin haberlo leído nunca- como el máximo poeta sonorense contemporáneo. Hace unos días, una funcionaria de cultura corregía "Abigail" cada vez que pronunciaba su nombre.
Tuve el privilegio de escuchar por primera vez a Abigael en 1992, con motivo del recital de su poemario "Navegación en Yoremito", exquisita combinación de poesía y música, picante experimentación lingüística actuada por él mismo, con el acompañamiento de dos guitarras flamencas, lorquianas:
Aquí se dice de cómo según natura
algunos hombres han compaña amorosa con otros hombres.
De amor échele un oxo, fablel'e y allegueme;
non cabules me dixo non faguete fornicio;
darete lecho dixe ganarás tu pitanza.
La noche apenas ala, de cras en cras cuerveaba
Sus mozos allegándose a buscar la mesnada.
Vente a dormir en mí, será poca tu estada,
Desque te ví me dixe do no te tocan llama,
do te tocan provecha; cualquiera se vendimia...
A diferencia de la mayoría de los escritores, que no se caracterizan por ser buenos lectores de sus propios textos y duermen a su auditorio, era una delicia escuchar las inflexiones de su voz al pronunciar tan festivos arcaísmos, lo mismo que observar su expresión corporal.
En esa época, el poeta era aún poco conocido y reconocido en su propia tierra, de la que se había exiliado durante tres décadas en busca de mejores oportunidades para el desarrollo y maduración de su vasta obra, aunque ya contaba con un buen número de amigos, alumnos y seguidores que le adoraban.
También tenía enemigos, hay que decirlo, entre los burócratas de la cultura, poetas y escritores mediocres celosos de su ingenio y de su talento.
Sobre él, bien podrían decirse lo que André Gide escribió sobre Oscar Wilde, de quien, por cierto, por estas fechas estamos también recordando el centenario de su fallecimiento:
"Aquellos que no se le aproximaron hasta los últimos tiempos de su vida apenas imaginan al ser prodigioso que era. Poseía lo que Thackeray llama el don fundamental de los grandes hombres: el éxito. Su ademán, su mirada exultaban. Su éxito era tan seguro que parecía precederle y que éste no tenía sino que ir avanzando tras él. Sus libros asombraban, encantaban... y la verdad es que resplandecía".
Por encima de las grandes diferencias que existen entre los trabajos literarios de Bohórquez y Wilde, ambos lanzaron a la sociedad de sus respectivos tiempos y lugares el reto de la abierta proclamación de sus preferencias sexuales. Y con casi un siglo de distancia, ambos tuvieron que pagar las consecuencias.
El puritanismo victoriano de la Inglaterra de finales del siglo XIX sentenció a Wilde a la prisión, en tanto que la moralina sonorense obligó a Bohórquez a una larga ausencia que fue insuficiente para librarlo de la homofobia, que lo condenó a la miseria y a la enfermedad que prematuramente se lo llevó a la tumba.
En "La balada de la cárcel de Reading", Oscar Wilde dejó plasmado en 1896 todo su horror de condenado, toda la impotencia ante la injusticia en él cometida:
No se si las leyes están bien
o si las leyes están mal
todo lo que sabemos en tanto
es que la pared es fuerte;
y que cada día es como un año,
un año cuyos días son largos.
Pero esto sí se, que cada ley
que el hombre ha hecho para el hombre,
desde que el primer hombre tomó la vida de su hermano,
y el triste mundo comenzó,
pero segó el trigo y salvó la cizaña
con el más funesto abanico.
También esto se -y sabio sería
si cada quien supiese lo mismo-
que cada prisión que el hombre ha construido
está edificada con ladrillos de vergüenza
y hecha con barras para que Cristo no pueda ver
como los hombres mutilan a sus hermanos.
En Abigael salta desde su etapa más temprana su convicción revolucionaria que se da al través de unos textos comprometidos que, lejos de ser panfletarios, comunican la pasión y sensualidad distintiva de toda su producción.
Un día,
el pequeño reloj se detiene,
la cajita de música
se calla,
entonces:
ay, cuánto amor para tan breve instante,
y te quedas bajo tierra
protesta que protesta, protestando,
engusanándo
te, sintiendo
cómo calienta el sol
aquella sangre,
los escombros terrestres,
la poesía,
la muerte a todo tren,
recomenzando.
Bohórquez y Wilde están hermanados en un auténtico romanticismo poético que en ambos une el compromiso con la pasión creativa y la consecuencia de la escritura con sus actos.
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