NOTAS DE UN PERIODISTA
Octubre 08, 2000.
Las mentiras de Salinas
Rubén Duarte Rodríguez.
Por quinta vez -hay quienes piensan que son muchas más- desde que se autoexilió en Irlanda, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari vino a México, dizque para presentar su libro "México, un paso difícil a la modernidad" y, de paso, concertó entrevistas con Joaquín López Dóriga en Televisa, con Roberto Zamarripa en Reforma y con otros medios mexicanos y de Estados Unidos.
Personaje odiado y repudiado como pocos en la nutrida población de seres abominables que abundan en la fauna política mexicana, Salinas aprovechó el interregno en el que se encuentra el país, cuando Ernesto Zedillo sigue siendo el presidente formal pero se debilita cada día más, y el presidente electo Vicente Fox no asume todavía todos los atributos del poder.
Lo que sigue es un recuento no exaustivo de las mentiras que dijo el "villano favorito" -mote que él mismo se colgó- en esta ocasión; los comentarios salen sobrando:
1.El propósito de esta visita es presentar el libro que durante cinco años escribí y que es una evaluación crítica de mi administración y de algunos sucesos que sucedieron después de ella.
2. El libro sale cuando se terminó y el hecho de que contuviera comentarios o reflexiones sobre la administración del doctor Zedillo obligaba a expresarlas mientras él estuviera en esa responsabilidad. Si yo tengo algún señalamiento crítico que hacer, es mejor hacerlo antes de que concluya la administración que cuando ésta ya no esté en el gobierno.
3. Una consideración fundamental para hacer esta crítica fue también esperar al momento en que estas reflexiones ya no tuvieran ningun impacto sobre el desempeño de la administración, que no significaran ningún efecto sobre la vida diaria de los mexicanos.
4. Durante mi gobierno cumplí escrupulosamente con las exigencias que marca la ley para que el presidente de la República rinda cuentas a los mexicanos. Como ex presidente tengo una obligación moral de dar una explicación y sí, este libro que es una explicación a los mexicanos también es una forma de rendición de cuentas en mi calidad de ex Presidente.
5. El error de diciembre consiste en que entre el 19 y 21 de diciembre de 1994 a un pequeño grupo de empresarios mexicanos se les hizo saber por funcionarios gubernamentales que venía una devaluación. Con esa información privilegiada, en unas cuantas horas acabaron con las reservas internacionales del país.
6. De ese error se deriva el problema del Fobaproa, la mayor deuda que un gobierno le ha encajado a la espalda de los mexicanos. Nunca en una administración se le habían sumado cien mil millones de dólares a las espaldas de los mexicanos.
7. Este cataclismo económico que provocó pérdidas terribles en las familias mexicanas y que mediante esta campaña de desinformación del gobierno se atribuyó como responsabilidad de mi administración es lo que explica en mayor medida estos reclamos diarios de muchos mexicanos en contra de mi administración.
8. Por eso quebraron las familias, por eso quebraron las empresas, por eso quebraron los bancos, por eso la gente se sintió engañada, porque después de haber construido con un enorme esfuerzo de millones de personas una posibilidad de recuperar el crecimiento y la estabilidad de precios, el error de diciembre vino a crear el cataclismo social.
9. Los bancos fueron privatizados mediante subastas públicas; no se asignó ningún banco discrecionalmente a ningún grupo. Que los bancos tuvieron problemas por falta de supervisión adecuada y otros por el desempeño de sus nuevos propietarios, sí. Los que tuvieron falta, en mi gobierno se iniciaron las averiguaciones y también se fincaron responsabilidades desde entonces.
10. Gran parte de la derrota del PRI no está en los 71 años en el poder sino en los últimos seis años. Estoy convencido que el resultado de la elección del 2 de julio deriva del tenaz trabajo del señor Vicente Fox y del trabajo que durante muchos años desarrolló el PAN para alcanzar el poder a nivel Presidencial. Como ciudadano mexicano considero que mi obligación es apoyar lo que Vicente Fox, como Presidente de todos los mexicanos, hará.
11. Los ex presidentes no tenemos nada que decirle al PRI sobre lo que deba de hacer para adelante. Cuando regresé el año pasado dije que me retiraba de la trinchera política. Después de los resultados del 2 de julio, reitero mi decisión: me mantendré ajeno a la trinchera política. Mi intención es mantenerme en el debate de las ideas.
12. No hubo una política de Estado para perseguir a esos individuos (Joaquín Hernández Galicia, "La Quina") y a sus familias. El PRD fue un adversario político de mi gobierno, más no un enemigo. Se ha dicho que mi gobierno incurrió en la persecución deliberada de militantes del PRD. Lo que no se ha dicho es que fue mi gobierno el que pidió a la CNDH que investigara cada uno de los agravios a los militantes de ese partido. Con uno que hubiera sucedido, era suficiente para tener una verdadera preocupación.
13. Lo que viví como presidente de la República desde las primeras horas (de 1994) fue una
presión creciente: no se me pedía someter o neutralizar, se me exigía aniquilar
al EZLN. Gracias a la respuesta del Ejército Mexicano, en ningún momento
vislumbramos la posibilidad de una derrota militar. Pero en aquellos primeros
días de enero de 1994, México vivió el enorme riesgo de regresar a la época del
aniquilamiento de hermanos. Fue un riesgo real.
14. Las presiones venían de todas partes. De la derecha, en primer término, lo cual era de esperarse. Se me pedía reprimir no sólo a los guerrilleros, sino también a quienes eran considerados sus simpatizantes, como el obispo de San Cristóbal, Samuel Ruiz. Las presiones más intensas, sutiles y abrumadoras para liquidarlos provinieron de la
"nomenklatura", es decir, del interior del aparato oficial y oficialista.
15. En mi oficina de Los Pinos se presentó de improviso el gobernador de un estado del norte del país (¿Beltrones?). Formaba parte de uno de los grupos más duros del sistema: "Señor presidente: este ha sido un golpe en la línea de flotación del barco... Si no se les destruye totalmente, los altos mandos militares van a estar más inquietos, bueno, inconformes con esa decisión. Y (pues) eso no sería bueno para el gobierno... Contamos con las personas capacitadas para conducir el aniquilamiento de este grupo armado. Decídase". Para mí sólo hubo una opción con fundamento ético, histórico, social y político: conducir al grupo armado a la mesa de diálogo.
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